A Maduro hay que esperarlo en la “bajadita electoral”

Pareciera por los vientos que soplan, que tanto el régimen como la élite política que lo confronta y ante la sociedad venezolana y la opinión pública internacional, tienen los días contados para la búsqueda de una solución concertada.

 Por: Johan Rodríguez Perozo

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Los hechos ocurridos durante los últimos días en Venezuela, han arrojado una avalancha de consideraciones, cuyo impacto se ha hecho sentir no sólo en el país sino, además, allende las fronteras. Si algo queda claro luego del torbellino desatado, es que Venezuela está en medio del turbión de los acontecimientos internacionales. Desde los países y eventos más resaltantes ocurridos en las últimas semanas en Europa, pasando por las intervenciones de la complejidad del liderazgo político latinoamericano y sumado a ello opiniones de peso como las del Presidente de Estados Unidos y el Primer Ministro de Canadá, ya nadie podrá dudar que en Venezuela pareciera aproximarse un desenlace de su crisis interna.

Es normal que así sea pues, fue el propio Hugo Chávez y sus conmilitones, quienes introdujeron al país en esa dinámica. El empeño en convertirse en una figura internacional, haciendo del culto a su personalidad y la de su proyecto político el leitmotiv de su política, profusamente “propagandeado” con base a la montaña de dinero proveniente del petróleo venezolano, lo cual pareciera chocar hoy contra una realidad incontestable: el rechazo masivo dentro y fuera del país. Es claro, además, que los “herederos” del poder dejados por Chávez, han fracasado rotundamente en todos los sentidos. Nunca Venezuela vivió los niveles de conflicto que hoy sufre la sociedad venezolana, jamás el país había sido visto como el país empobrecido, miserable y digno de toda conmiseración como es visto hoy a nivel mundial.

Los resultados de la consulta popular llevada a cabo por la ciudadanía y promovida fundamentalmente por los factores que integran la plataforma congregada en la MUD, colocan la dinámica de la crisis en otros niveles. Es clara la demostración de imposibilidad del régimen de sostenerse más tiempo en el poder. También lo es que, probablemente, la solución definitiva no está en provocar una suerte de guerra civil para dirimir el tema. Pero si lo puede ser, que como derivación de la agudización del conflicto, surja la necesidad de la negociación que permita arribar a una solución definitiva. Por cierto, ha sido el propio régimen el que ha “satanizado” el concepto, provocando así que cualquier acercamiento, sólo produzca urticaria en la opinión pública. Probablemente, la dificultad mayor para llegar a este estadio, sea la seguridad del régimen en la pérdida del favor popular. Pérdida que no sólo se traduce en votos y de allí el temor de buscar el arreglo de la salida electoral, también se traduce en rechazo masivo, manifestado tanto en las investigaciones de opinión pública, como en la presencia cada vez mayor de la gente protestando en las calles.

Un paseo rápido por lo que ha sido la dinámica electoral de los últimos años, nos permite encontrar algunas pistas en torno al por qué, del temor del régimen a las elecciones. Veamos lo siguiente. La última vez en la que Chávez compitió por la Presidencia de la República, le ganó de manera contundente a Henrique Capriles, quien surgió con mucha fuerza como la opción unitaria de la oposición al régimen. Entonces Hugo Chávez se impuso a Capriles por una diferencia de aproximadamente 1.600.000 votos. Chávez sólo perdió en Mérida por una mínima diferencia de 12.300 votos y en Táchira por unos 82.150. Meses después, el llamado legado electoral en manos de Nicolás Maduro, sufrió una merma de unos 600.000 votos aproximadamente, con lo cual condujo a sus huestes a la derrota, en diez de las veinticuatro entidades electorales. Dos años después, la brecha derivada de la pérdida de apoyo popular para las huestes chavistas, entre el triunfo de Chávez y la elección parlamentaria de diciembre del 2015, se convirtió entonces en una masa de 2.850.000 electores aproximadamente. Es así como, para la elección parlamentaria, cuyo resultado final le otorgó la composición de dos tercios a la oposición, el chavismo conducido por Maduro resultó derrotado en 18 de las 24 entidades electorales.

Los resultados del experimento consultivo del 16D, más allá de sus implicaciones legales, parecieran constituir un alarde definitivo de la población, acerca de cómo se ha movido el péndulo del apoyo político de la sociedad venezolana. Una somera revisión de los números, junto a la manera y condiciones en que se llevó a cabo la consulta, permiten inferir con absoluta facilidad, la proyección que tendría una consulta electoral, cualquiera sea la modalidad en que ésta se proponga. Tal como reza el refranero popular, “Maduro y su régimen se podrán salvar de una picada de culebra, pero no así de la derrota más contundente que les espera, en cuanto se realice la consulta electoral”.

Ahora bien, nadie puede esperar de manera ingenua que tal consulta se produzca por obra y gracia del régimen. La propuesta de la Asamblea Nacional Constituyente, cuyo intento pretende llevar a delante Maduro, revela claramente la debilidad en la que éste se encuentra. Apelar a la brutal represión contra las manifestaciones en las calles de Venezuela, surgidas en rechazo a sus políticas, así como al reparto de bolsas de comida, en un apurado intento por retener algo de apoyo popular, sólo han logrado poner en evidencia la debilidad antes señalada. Llegados a este nivel de reflexión, es claro que luego de los hechos del domingo, del pronunciamiento universal de gobiernos, parlamentos, organizaciones multilaterales, personalidades de renombre mundial, de instituciones como la Iglesia encabezada por el Papa Francisco, de la profundización de las manifestaciones que tendrán lugar en los próximos días, de las acciones anunciadas por la Asamblea Nacional, sólo quedará como terreno fértil para cualquier negociación posible, la expectativa de la salida electoral, con todas las implicaciones que ello conlleva.

Pareciera por los vientos que soplan, que tanto el régimen como la élite política que lo confronta y ante la sociedad venezolana y la opinión pública internacional, tienen los días contados para la búsqueda de una solución concertada. Ante el rechazo de cualquier salida que signifique una guerra innecesaria entre los venezolanos y más allá de las muertes provocadas por las acciones represivas del régimen, resulta obvio pensar en que, cualquier acuerdo de resolución del conflicto, deberá culminar en el hecho electoral. De esa manera, la sociedad venezolana podrá determinar con claridad y contundencia, cuál ha de ser el destino y los nuevos derroteros por los cuales transitará el país en el tiempo por venir. De ser todo así, esta reflexión no puede terminar de otra manera sino, parafraseando el título que la origina: a Maduro y su régimen, el país entero lo esperará en la bajadita electoral.

 

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Acerca de Johan Rodríguez Perozo

Periodista egresado de la Escuela de Periodismo de la Universidad Central de Venezuela y Consultor Político egresado de la Universidad Pontificia de Salamanca.
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