El régimen se atrinchera y la oposición busca una brújula

Con la venia de nuestro buen amigo, el Editor de Konzapata.com, Juan Carlos Zapata, nos permitimos reproducir en nuestro Blog, el artículo que nos publicara en el prestigioso Portal a su cargo.

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A juzgar por la orientación percibida de los diversos estudios de opinión, realizados durante el segundo semestre del año que acaba de culminar, sólidas cifras alrededor del 80% de la opinión pública, señalaron contundentemente el deseo de cambio político de la inmensa mayoría de los venezolanos

Por: Johan Rodríguez Perozo (*)

Con el inicio del año 2017 se abre una nueva etapa en Venezuela, en el marco de la lucha por el poder. El año 2016 cerró, al decir de algunos entendidos, con saldo positivo para el régimen. La “confiscación” de hecho por su parte, de la posibilidad de realizar el Referéndum Revocatorio Presidencial, junto a las elecciones de gobernadores pautadas por la ley y el calendario electoral para el mes de diciembre de 2016, así lo determina. La intensidad del debate político, motivado por la expectativa de cambio basada en los eventos antes mencionados, al lado de las movilizaciones masivas en apoyo al RR, sufrió una estruendosa caída con la aceptación por las fuerzas adversas al régimen, de hacerse parte en la llamada “Mesa de diálogo”.

A juzgar por la orientación percibida de los diversos estudios de opinión, realizados durante el segundo semestre del año que acaba de culminar, sólidas cifras alrededor del 80% de la opinión pública, señalaron contundentemente el deseo de cambio político de la inmensa mayoría de los venezolanos. Ante tales hechos surge la interrogante obligada: qué pasó que no se pudo concretar en elecciones las diversas acciones ejecutadas por las fuerzas conjugadas, fundamentalmente, alrededor de la llamada Mesa de la Unidad Democrática? Para qué sirvió el triunfo contundente obtenido en la elección parlamentaria de diciembre de 2015? Es tal el cúmulo de explicaciones en torno a estos temas, que mucha gente podría terminar confundida y atónita frente a la realidad que este año se configura ante su estado de ánimo.

El año comienza marcado por dos eventos que, al parecer, serán determinantes en el desarrollo de los acontecimientos por venir. El cambio de manos de la conducción de la Asamblea Nacional y la remoción y designación del “nuevo” tren ministerial presidido por Nicolás Maduro. De la misma manera como dos ejércitos en pleno combate, luego del alto al fuego decembrino, reacomodan sus piezas para la continuación del mismo, es de esperar de ambos movimientos tácticos o naturales, en el caso del parlamento, que surjan los elementos indicadores de cómo será el desarrollo de la lucha en esta nueva etapa. El año arranca, pues, con claras y abiertas expectativas en torno a: 1) habrá o no este año elecciones regionales y municipales y de no ocurrir, para cuándo se llevarán a cabo ambos eventos? 2) Surgirá de manera sobrevenida el hecho capaz de remover a Maduro y sus conmilitones del poder? 3) Será el 2017 el año de la estabilización de la crisis que permita al régimen bien morir el próximo año 2018?

De la misma manera como se aspira a un cambio en los mandos de Miraflores, se produjo el traspaso de la conducción del parlamento. Queda entonces pendiente, la posibilidad de relevo en la dirección política de la MUD. Sin duda alguna, los cambios efectuados por Maduro en el Poder Ejecutivo, encuadran claramente en la estrategia del régimen en el marco de la lucha en desarrollo. Es de esperar en el campo de la oposición, las respuestas correspondientes a tales movimientos. El contraste entre ambas jugadas, salta a la vista. En el seno del régimen, tienen un “verdadero tufo” a colocación en posiciones de trinchera preparándose para dar la batalla final. En la acera de enfrente, la conducción del parlamento pasó de manos de “los duros” a las del sector considerado como más conservador de la fuerza opositora al régimen.

La designación de individuos como Tarek El Aissami en la Vicepresidencia de la República, Elías Jaua en el Ministerio de Educación o Aristóbulo Istúriz  en las fulanas Comunas, además de los movimientos en el área económica, indican la clara intención del régimen de “atrincherarse” para enfrentar situaciones definitivas de conflicto. Un extenso y profundo sentimiento de rechazo a este equipo se anida en el ánimo popular. Jamás un gobierno como el liderado por Maduro, había sido tan cuestionado de manera tan abierta. Sin embargo, las fuerzas adversas al régimen, se han visto imposibilitadas para canalizar debidamente la energía de tal animadversión para desalojarlo del poder.

Cada sector lleva su procesión por dentro. A lo interno del régimen, es inocultable el reconocimiento de la incapacidad del equipo de gobierno del manejo de una crisis económica y social, provocada por sus propios desaciertos. Todo ello derivado de su torpeza en el manejo de los asuntos públicos y la corrupción que hace metástasis en el seno del gobierno. La lucha de poder por los restos de lo que queda, es demasiado evidente. El reacomodo en las posiciones ministeriales promovido por Maduro, que lo llevó a colocar en los puestos claves a los más incondicionales, obsecuentes y “resteados”, así lo indica. Al lado de tales decisiones, al parecer, se trata de camuflar al sector militar, comprometido hasta “los tuétanos” en la corrupción en todas sus facetas. Es la manera de sustraerlo del debate político que promete ser de alta intensidad. No es lo mismo la confrontación política en los diferentes ámbitos donde esta se desarrolla, con la participación activa del ala civil, que dar el debate político con militares “atravesados”, sin la experticia política necesaria para ello. Es probable además, que la estrategia supuesta o sugerida, lleve consigo la preparación del terreno para mejores momentos, de quien a todas luces se asoma como el posible relevo natural de Maduro en una futura competencia por el máximo galardón en juego, la Presidencia de la  República y éste no es otro que el “sr” Diosdado Cabello.

Entre tanto, en el campo opositor, vemos como comienza a desarrollarse una compleja disputa por las posiciones cimeras de la conducción política del país. Henry Ramos, Julio Borges, Enrique Capriles, María Corina Machado, Henry Falcón, Manuel Rosales (sin contar la eventualidad de la participación de Leopoldo López), sacan cuentas en público y en privado en torno a sus posibilidades de hacerse con la candidatura presidencial, planteada teóricamente para las elecciones de 2018. A esta lucha se agrega la diversidad de aspirantes a unas elecciones de gobernadores y alcaldes, sometidas al limbo de la arbitrariedad del régimen, utilización de un obsecuente Poder Electoral mediante, lo cual viene a complicar el cuadro. Así las cosas, la expectativa general de la ciudadanía, insuflada por una crisis que ha sometido a la población a niveles de  miseria nunca vistos, espera por un discurso político y unas acciones capaces de interpretar esta angustia colectiva.

En el marco general de esta situación, entre el final de año e inicio del nuevo, se producen tres discursos que pudieran perfectamente servir como orientación y lineamientos políticos para el sector opositor al régimen. Se trata por una parte, del documento presentado y leído en todo el país por la Iglesia y difundido principalmente por el Cardenal Urosa Savino, en el cual se recoge de manera contundente las principales razones que estimulan el reclamo de cambio político en Venezuela. Luego está la carta de Leopoldo López a la dirigencia de la MUD y a la sociedad venezolana en general, con claros lineamientos en el mismo sentido. Por último, el extenso y contundente discurso de Julio Borges, con motivo de posesionarse de la Presidencia de la Asamblea Nacional, en el cual define con mucha claridad los parámetros que guiarán la etapa parlamentaria bajo su mando.

Si como ha venido ocurriendo, el régimen lejos de aportar soluciones prácticas a temas como el desabastecimiento de alimentos y medicinas, la elevación de la más alta inflación que se haya conocido en latitud alguna del planeta, lo cual ha traído consigo la profundización de un estado de miseria en el país y agudizado la crisis con sus políticas , es de esperar la ocurrencia de eventos cuya detección a tiempo no será posible por radar político alguno. Del mismo modo, si del mundo opositor no surgen acciones vinculadas con el deseo masivo de cambio político, lo cual pasa por expulsar del poder a Maduro y sus conmilitones, sería posible igualmente, reacciones contrarias al interés exclusivamente electoralista de la élite que se ha arrogado la conducción política de este amplio sector de venezolanos.

Como se puede observar en el marco de este análisis, la “Reina de Bastos” es la que inspira una situación de incertidumbre general, asociada a la angustia colectiva. La sociedad venezolana exige de ambos sectores, rectificación o renuncia de una parte o acciones capaces de desalojar del poder a los responsables de la crisis por la otra. Quien responda de manera clara y contundente a estos reclamos, podrá obtener de la mayoría de la sociedad el reconocimiento merecido por las acciones que se lleven a cabo. En el caso de Maduro y su régimen, es claro que se les agotó el tiempo y las posibilidades de resolver los problemas del país. En el de las fuerzas opositoras, surgen alertas relacionadas con el reclamo de acciones más contundentes y asociadas a la angustia de la gente y no de los intereses particulares y de grupo, que parecieran dominar la agenda de la élite política. El año 2017 podría ser entonces, bien la oportunidad para la “guerra de trincheras” adoptada por el régimen o el marco histórico de un cambio político que ya no admite dilaciones de ninguna naturaleza… amanecerá y veremos!

(*) @johanperozo

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Acerca de Johan Rodríguez Perozo

Periodista egresado de la Escuela de Periodismo de la Universidad Central de Venezuela y Consultor Político egresado de la Universidad Pontificia de Salamanca.
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