El “Diálogo”, desiderátum o panacea

El régimen que detenta el poder en Venezuela, se mueve sinuosa y tácticamente en su estrategia “dialogante”. Mientras, quienes se le oponen, aspiran a encontrar la solución a sus problemas en la complejidad del intercambio.

 @johanperozo

 Los últimos acontecimientos políticos ocurridos en el país, han determinado el proceso de reacomodo de las fuerzas en pugna. Quince largos años del chavismo en el poder, definen una situación de hastío y cansancio. La entrega del testigo por Hugo Chávez a Nicolás Maduro, trajo consigo algunos cambios cualitativos en la dinámica política. La elección presidencial sobrevenida, como consecuencia de la desaparición física de Chávez, planteó nuevos retos a tirios y troyanos. En el campo oficialista, mantener la fortaleza política y electoral lograda bajo la conducción de Chávez. En el sector opositor al régimen, consolidar y definitivamente lograr la tan ansiada derrota de éste.

Un tema clave para el análisis, lo es los resultados electorales de octubre de 2012 y abril de 2013. Ambos eventos retaron la probidad política y electoral de las huestes oficiales. Chávez, mostrando signos evidentes de deterioro en su salud, sin embargo, logró superarse a si mismo electoralmente (respecto a la elección del 2006), en más de ochocientos mil votos. En esa elección, aventajó una vez más a su contendor, en este caso a Henrique Capriles, por poco más de un millón seiscientos mil votos. Cinco meses después, en elecciones sobrevenidas, Nicolás Maduro, logra un triunfo aún cuestionado, bajando la votación de Chávez en unos seiscientos mil votos. Las cifras oficiales del CNE, dan cuenta de una diferencia entre Maduro y Capriles de apenas doscientos veinte mil votos. La debilidad electoral y la falta de conducción se hace notoria

Es el mejor momento de la oposición al régimen en el plano electoral. Con Capriles a la cabeza, la plataforma unitaria logra aumentar electoralmente, respecto a Manuel Rosales, en más de tres millones de votos. Mientras Maduro baja la fuerza electoral del chavismo, la oposición se supera a si misma, en apenas cinco meses, por unos setecientos cincuenta mil votos. Es evidente el cambio cuantitativo del cuadro político y electoral. Ahora bien, un asunto es la lectura de los resultados electorales y otro la realidad política surgida de estos escenarios. La secuela es, que el chavismo mantiene el control del poder y la oposición comienza a dar signos de profundas contradicciones. La próxima confrontación electoral será en diciembre de 2015: la elección parlamentaria. Mientras, es momento para el desarrollo de la política.

En este contexto, el país vive desde hace varios meses, una de las etapas de conflicto más prolongada. Una sucesión de hechos, cuyo punto de partida se sitúa el 12 de febrero, con la marcha de los jóvenes hacia la Fiscalía, da origen a la cadena de manifestaciones, las cuales han sido fuertemente reprimidas por el régimen. En este contexto, el encarcelamiento de Leopoldo López, la destitución y condena entre cantos de gallos y media noche por el TSJ de los alcaldes Daniel Ceballos y Enzo Scarano, así como el despojo arbitrario de su condición de parlamentaria de María Corina Machado, aportan más leña a la hoguera del conflicto político promovido por el régimen.

La observación holística del momentum político, muestra aristas determinantes del curso de los hechos. Por una parte, al régimen se le ve complicado e incompetente en el manejo de los asuntos a su cargo. La represión desmedida por las fuerzas militares y policiales, es objeto de fuertes críticas incluso, en el ámbito internacional. Problemas económicos de hondo calado indican, que puertas adentro las cosas no andan bien. Fuertes contradicciones en la visión política y económica de los más destacados capitostes del régimen se hacen evidentes, lo cual revela dificultades en la toma de decisiones. La crisis con el aspecto cambiario y las sucesivas devaluaciones; la opacidad en el manejo de PDVSA; el desabastecimiento creciente de alimentos, bienes y servicios, tema que desplaza a la inseguridad como primer problema sentido por la colectividad, coronan el cúmulo de factores que ha puesto a prueba la capacidad de conducción del grupo gobernante.

En el campo opositor se evidencian contradicciones de fondo aún no resueltas, lo cual envía señales negativas, mostrando un cierto resquebrajamiento de la plataforma unitaria. La fortaleza obtenida en el plano electoral, pierde incidencia en las decisiones políticas. La lucha de fondo es por “la orientación” de una estrategia, capaz de conducir al desalojo del poder de quienes lo detentan. Dos vertientes del discurso copan la atención y percepción de los observadores. Por una parte, voceros de la MUD con Capriles a la cabeza, esgrimen la tesis de la “acumulación de fuerzas” y la profundización de acciones políticas hasta llegar al evento electoral próximo, la elección del parlamento. Por el otro, factores de no menos notoriedad, con Leopoldo López, María Corina Machado y Antonio Ledezma en la vanguardia, sostienen la tesis según la cual, el país no aguanta más la conducción del régimen y por tanto, se debe buscar la salida política, en el marco de la constitución y así lograr el cambio político. Paralelamente y como derivación de los hechos del 12 de febrero, surge la movilización del movimiento estudiantil, cuyos líderes principales se decantan por la confrontación al régimen en la calle y en tal sentido lo desafían abiertamente.

Nuevamente y al calor de los conflictos en la calle, los factores en pugna acuerdan un escenario repetido: El Diálogo. El régimen una vez más, aliados internacionales mediante, logra llevar a la mesa de conversaciones a sectores representativos de la oposición. En una suerte de juego a dos manos, conversa sin hacer concesiones relevantes, a la vez que mantiene la política del estado policial y la confrontación política. Tal situación sólo trae consigo una oleada de estudiantes y líderes políticos presos, en medio de una estrategia que no da cuartel al adversario. La “mediación de buena voluntad” de cancilleres de países amigos y del Vaticano, enciende una tenue luz en el oscuro túnel de la compleja dinámica política nacional. Para algunos observadores, estamos frente a la repetición del esquema utilizado por Chávez el año 2003. Con una diferencia objetiva, mientras Chávez jugó a la maniobra política, “comprando” tiempo para ganar el referéndum revocatorio presidencial, sus conmilitones, contradictorios entre si, parecieran estar dando “palos de ciego” sin encontrar el rumbo.

Para el sector opositor es un reto formidable, pues, se trata de demostrar capacidad en la recomposición de un juego que permita superar las naturales contradicciones de la alianza. La MUD debe abandonar el rol de administrador del método DHond’t, para conducir la verdadera estrategia política que exige el momento. Cierto es que lo electoral, al final del camino, constituye el desiderátum de la lucha en ciernes. En el marco de la realidad expresada por la actitud del régimen y de fracasar la búsqueda de soluciones a través del “diálogo”, el liderazgo opositor debería estar presto para asumir la responsabilidad que el país democrático le demanda. Por lo tanto, deben tener claro en “sus agendas”, que para esa tarea se necesita de todos los factores alineados en la discrepancia con el régimen.

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Acerca de Johan Rodríguez Perozo

Periodista egresado de la Escuela de Periodismo de la Universidad Central de Venezuela y Consultor Político egresado de la Universidad Pontificia de Salamanca.
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