En Vargas surge “el Timonel” de la esperanza y el futuro

En Vargas surge el “Timonel” de la esperanza y el futuro

 Por: Johan Rodríguez Perozo (*)

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Una vieja conseja popular nos indica que “no importa donde se nace, sino donde se vive”.En nuestro caso particular, nacido y criado en Catia y en el 23 de Enero, hemos tenido la suerte de conocer y reconocer buena parte de nuestra geografía nacional. Podemos decir con propiedad, que el venezolano en general tiene motivos de sobra para sentirse orgulloso de pertenecer a esta tierra de gracia. Elija usted cualquiera de nuestras regiones y en ésta encontrará, tanto en su geografía, como en su historia y la cultura, elementos de gran raigambre capaces de atraerlo hasta identificarse cual vecino del lugar. Sea en la región de los andes, los llanos, la región zuliana o centro occidental, así como el oriente y el sur del país, Venezuela siempre será un lugar privilegiado en el globo terráqueo. Al margen de la situación general que hoy podría estar afectando al país en diversos planos, nuestras regiones y su gente mantienen incólume esa voluntad de lucha y de querencia por su tierra, cultivada con fuerza desde nuestros ancestros fundadores de la República.

En los últimos tiempos, por razones diversas relacionadas básicamente con nuestra actividad profesional, pero también por viejas reminiscencias con la zona, nos hemos reconectado con la dinámica de vida de esa importante región del país que es el estado Vargas. Toda una historia personal nos vincula con la región. Recuerdos que van desde nuestro primer viaje a la playa en la etapa de la infancia, hasta la infinidad de participación en las rumbas tradicionales de sus parroquias, pasando por la diversidad de actos relacionados con los temas políticos, deportivos, culturales y educativos, nos reafirman en este reencuentro con esta localidad y su gente. En esta ocasión, derivado de nuestra incursión en el ámbito comunicacional y político, hemos ido descubriendo en Vargas distintos aspectos que atrapan nuestro interés. En el pasado relativamente reciente, tuvimos la oportunidad de participar en la compleja dinámica que dio como resultado final, la creación del estado como entidad político territorial.

Desde nuestro rol como concejal en el Concejo Municipal del antiguo Distrito Federal, junto a otros destacados representantes de esa comunidad en esa corporación tales como, Céfora Contreras, Anibal Longa, Víctor Durán, Pedro Castillo, Manuel Guacarán, en representación variopinta de la comunidad política de la época, tuvimos el honor de iniciar el proceso de configuración institucional de la región. Posteriormente, junto a otros destacados líderes de la zona, también nos correspondió participar, ya como diputado del antiguo Congreso Nacional, en el debate que dio lugar a la elaboración de la Ley que sirvió de marco al proceso de instauración definitiva del estado Vargas, tal como hoy se le conoce. Desde entonces y hasta ahora, Vargas como región ha sufrido los embates naturales del desarrollo de una región donde, a pesar de todo el esfuerzo realizado para su configuración como estado, es obvio que aún falta concretar una serie de acciones que le permitan consolidarse como la entidad con la importancia estratégica que le corresponde y le caracteriza.

El tema aquí abordado, sin duda alguna, ofrece la oportunidad de discernir ampliamente a su alrededor. Es nuestra intención y así lo iremos haciendo de manera periódica y a través de varias formas. Por lo pronto, queremos expresar nuestra inmensa gratitud por la invitación que se nos ha formulado para participar en la recuperación de la plataforma comunicacional, representada en la publicación de vieja data de la región denominada “Timonel”. La iniciativa retomada por sus creadores originales, entre los cuales se cuentan algunos colegas periodistas, educadores y profesionales de otras disciplinas, tales como Ignacio Laya, Mariela Navarrete, Juan Carlos Michinel, Iván Cedeño, Lisandro Méndez, Alfredo Tineo, además de colaboradores vinculados con el proyecto como es el caso de Nelson López y otro valioso grupo de profesionales, se propone retomar su rol de medio de comunicación, esta vez en formato digital. En principio la revista tendrá como medios auxiliares su aparición en las redes sociales a través de: @timoneldigital en Instagram y @porvargas (Voces por Vargas) en twitter.

La reaparición de la plataforma comunicacional se propone, además, incursionar en otras áreas propicias para la difusión de ideas y el debate público, en torno a los temas que interesan a la sociedad varguense. En este sentido, se replanteó la idea de recuperar la actividad de la “Catedra Flotante”, como una iniciativa adicional para promover el tema de la educación y la formación ciudadana. Seguramente tomarán forma otras ideas que, en el contexto de la reaparición de la publicación digital, servirán de marco de acción para la promoción de distintos foros como marco para abordar, mediante el intercambio con figuras destacadas de la vida nacional y la comunidad del estado, la diversidad de temas que hoy merecen la atención, discusión y discernimiento por parte de la ciudadanía de la región. Bienvenida pues, tanto la iniciativa de refundación de la publicación Timonel, así como la invitación a participar en ésta, la cual recibimos con gran honor y que haremos todo lo que esté en nuestras manos para aportar nuestra modesta contribución en el éxito de la misma.

(*) @johanperozo

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En la construcción de símbolos se crece la lucha por la vida en Libertad y Democracia.

Por: Johan Rodríguez Perozo
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Un aspecto relevante en el contexto del “discurso Político”, lo constituye sin duda alguna el manejo de los símbolos. El aspecto simbólico suele representar en el imaginario colectivo, situaciones de identidad de mucho peso cuando de construir causas de lucha se trata. En la Venezuela actual la lucha por el poder se libra desde diverso ángulos. En ese sentido, en el discurso político podemos encontrar, no sólo el mensaje clave que intenta “horadar” el plano cognitivo del ciudadano sino además, el símbolo representativo de la causa de lucha que se abraza y moviliza. 
 
En el contexto de la lucha liderada por Juan Guaido M, cuyo objeto fundamental consiste en desplazar del poder a Nicolás Maduro y sus conmilitones, han ocurrido dos eventos en los últimos días que recogen bastante bien el significado simbólico de esa lucha. El primer sucedió en los predios de la línea maginot que une la región andina venezolana con el norte santanderiano colombiano. Una “talanquera”, estratégicamente dispuesta por el régimen de Maduro con la finalidad de impedir el paso de la ayuda humanitaria desde Cúcuta hacia Venezuela, fue prácticamente derribada por la ira popular. 
 
El derrumbe, en un acto de confrontación con el régimen, lo produjeron quienes decidieron traspasar dicha talanquera pasándole por encima, literalmente, no sólo a los containers y camiones allí dispuestos sino además, a los esbirros que servían de custodios a semejante aberración. La decisión de la ciudadanía, fundamentalmente tachirense, de pasar en masa hacia la ciudad de Cúcuta en búsqueda de los más elementales recursos para la sobrevivencia a la cual están sometidos la mayoría de los venezolanos, constituyó de alguna manera un “mensaje simbólico” de lo que la ciudadanía en masa puede hacer y lograr cuando actúa movida por la ira popular. El derribo de la talanquera de Maduro puesta en la frontera, puede significar también el del régimen cuando la ciudadanía, en toda Venezuela, cobre conciencia de la fuerza telúrica que representa en acciones de este tipo, la masiva movilización popular. 
 
El segundo evento a señalar en esta breve reflexión, se relaciona con la movilización popular producida en el contexto de la gira recientemente realizada por Juan Guaido en la zona occidental del país. El paso de Guaidó por el estado Zulia generó grandes expectativas. La ciudadanía zuliana, de las más golpeadas por la incompetencia del régimen en el manejo de los asuntos públicos, es de las que ha sufrido con mayor impacto la tragedia de los apagones en el país. Se estima en días y semanas, la gravedad de la falta de electricidad a la que ha estado sometido este importante estado del occidente del país. Sin embargo, la ira zuliana se mostró también como fuerza telúrica ciudadana y desde Paraguaipoa, pasando por la Villa del Rosario, Maracaibo y la Costa Oriental, demostró el apoyo masivo a Guaidó convertido en algo más que una protesta ciudadana. 
 
El simbolismo que hoy representa el liderazgo emergente de Guaidó, junto a esa fuerza telúrica ciudadana que se muestra sin complejos en todas las latitudes de la geografía nacional, constituyen el mejor símbolo de la lucha que los venezolanos libran con tesón para recuperar la vida en Libertad y Democracia. Junto al simbolismo que significó la presencia masiva de la zulianidad en las calles de las distintas localidades recorridas por Guaidó, ocurrió algo similar en tierras falconianas . Más de tres horas esperó la masiva concentración ciudadana en la ciudad de Coro, cuando el régimen, luego de incitar a las hordas paramilitares que le sirven de apoyo, al asedio y la persecución en las carreteras de la región de la caravana de líderes que acompañan a Juan Guaido M, ordenó cortar la energía eléctrica en la zona donde se llevaría a cabo la entusiasta concentración que aguardaba por su presencia. En esta ocasión, el simbolismo en la lucha ciudadana, se manifestó de manera curiosa y original. La ciudadanía, en claro reto al régimen de Maduro y de manera original, encendió los miles de teléfonos celulares que cada uno portaba, alumbrando así de manera artificial la inmensa concentración. 
 
El joven líder Guaidó, evidentemente afectado por la ristra de discursos pronunciados durante su recorrido occidental, perseguido por las hordas paramilitares dispuestas por el régimen, amenazado como lo fue con barricadas y talanqueras en la carretera para impedirle el paso, en demostración simbiótica de lo simbólico de su liderazgo, junto al apoyo masivo y popular de la ciudadanía, respondió de manera contundente a los intentos del régimen por detenerlo. Todo esfuerzo del régimen por lograrlo ha sido inútil. La fuerza telúrica de la gesta ciudadana que hoy libra la más importante de las luchas en aras de lograr su propia liberación, se muestra más fuerte y poderosa que nunca . 
 
He allí, pues, el gran significado que adquiere cada acto de masas, con las peculiaridades características de cada uno, pero que en la sumatoria van tejiendo ese simbolismo que marca la épica de una lucha ciudadana, liberadora del régimen que la oprime e intenta someterla a la peor de las ignominias. Es así como en el terreno de la lucha discursiva, en lo simbólico, mediante la creación de símbolos representados en ese esfuerzo ciudadano, con actos claves y estratégicos en lo político, en el plano nacional e internacional, se va tejiendo con solidez el triunfo que, al ser alcanzado, se convertirá en la realidad de cambio político que toda Venezuela y el mundo esperan y aspiran para nuestra sociedad.
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Hace rato que Guaidó derrotó a Maduro

Por: Johan Rodríguez Perozo (*)

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Guaidó decidió traspasar la frontera para hacerse presente en la discusión internacional. El escenario le es favorable, tanto que es recibido con los honores de Presidente legítimo de la República y tal tratamiento le es reconocido por los países reunidos en conferencia internacional en Bogotá.

 La lucha por el poder en Venezuela ha cobrado ribetes inesperados. Lo que en un momento dado pareció un combate simple entre facciones por arrebatárselo uno al otro, se ha convertido en un caso inédito. Cada facción utiliza las herramientas y estrategias de las cuales dispone, con la finalidad de lograr vencer al adversario. En el caso del régimen encabezado por Nicolás Maduro, no ha tenido limitaciones de ningún tipo. Tanto es así, que poco les ha importado incurrir en violaciones constantes a las leyes y la Constitución de la República. Maduro, llegado al poder por decisión de su antecesor y mentor político, Hugo Chávez y al parecer, por imposición de la nomenclatura castro-comunista de La Habana, se resiste a competir de manera limpia frente a sus adversarios.

Con Guaidó a la cabeza, los factores de oposición al régimen recuperan varios aspectos que muchos daban por perdidos: 1. La recomposición de la plataforma unitaria de la oposición; 2. La fuerza institucional y política de la Asamblea Nacional; 3. El apoyo nunca jamás visto de la comunidad internacional y 4. La movilización masiva, el entusiasmo y la credibilidad de la sociedad venezolana. Bajo estas premisas, Juan Guaidó emprende una cruzada nacional e internacional de desconocimiento del régimen de Maduro y de las fraudulentas elecciones realizadas en mayo del 2018. El día 23 de enero, en el marco de una masiva concentración en Caracas y con réplicas simultáneas en las principales ciudades del país, Guaidó, acompañado por los miembros del parlamento nacional, anuncia su decisión de asumir como Presidente encargado de la república, con la finalidad de darle aplicación y cumplimiento a lo que luego será la base de su accionar político: cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres. Así se desata una vez más el turbión de la ira y la masiva movilización popular, en respaldo a esta nueva causa. La respuesta internacional no se hizo esperar, parlamentos, gobiernos y organismos multilaterales se pronuncian mayoritariamente a favor del reconocimiento de Juan Guaidó como Presidente interino y en apoyo a la Asamblea Nacional.

Un elemento táctico se agrega a la lucha por desplazar al régimen de Maduro del poder, la solicitud e ingreso de la ayuda humanitaria, a favor de sectores deprimidos cuya suerte ha estado sometida a la falta de alimentos, medicinas y adecuada atención médica. Varios países se sumaron a esta petición en apoyo a Guaidó y su gesta política. La decisión de los diputados por hacer entrar la ayuda desde las fronteras de Colombia, Brasil y Puerto Rico, se conviertió en un casus belli por decisión de Maduro. El régimen asumió como una afrenta esta decisión y resuelve enfrentarla, cosa que hizo de manera absurda y desproporcionada, causando nuevamente muertes y heridos que se suman a las ya conocidas a lo largo de su ejercicio de poder. Nuevamente el marco internacional se abrió para discutir la situación venezolana y Guaidó decidió hacerse presente en el escenario internacional. El ambiente le es favorable y es recibido con los honores de Presidente legítimo de la República, así es reconocido por los países reunidos en conferencia del Grupo de Lima reunido en Bogotá.

La discusión en torno a la posibilidad de apoyar el ingreso de la ayuda humanitaria con fuerzas militares de otros países cobró fuerza en la opinión pública. Sin embargo, no es la decisión tomada en el foro internacional. Al momento de escribir estas reflexiones, Guaidó realiza un periplo latinoamericano y prepara el regreso al país para retomar la conducción del proceso que lo ha colocado en la cresta de la ola de un hito histórico. Cuando retorne se encontrará con un régimen cada vez más debilitado en sus cimientos y con una opinión pública mucho más comprensiva de los tiempos necesarios para lograr los cambios. Es claro que ha logrado en tan poco tiempo, lo que la élite política opuesta al régimen no pudo en mucho más. Por lo pronto algo queda claro en este marco de situaciones diversas, la incapacidad de Maduro para responder las interrogantes del periodista, acerca de por qué la gente se alimenta de la basura, si ciertamente su régimen es una dictadura o, cómo explicar a los suyos que la batalla de la frontera lo terminó de hundir a él y su régimen ante los ojos del mundo.

Guaidó ya derrotó a Maduro en varios planos. En el discursivo porque sin duda alguna las diferencias entre uno y otro son notorias. Son distintas en el tono y contenido, la decencia en el lenguaje, la coherencia en el mensaje, la ausencia del insulto fatuo y la siembra de esperanza en el contenido, han creado un abismo discursivo en todos los sentidos. Guaidó ya derrotó al régimen, al obtener el reconocimiento de la comunidad internacional, jamás logrado en la historia política contemporánea de Venezuela por causa alguna. Ese reconocimiento, paralelo al desconocimiento del régimen de Maduro, así lo ratifica. Es una derrota además, porque ya nadie se pregunta si el régimen llegará a su fin. La pregunta ahora es cómo lo hará y de qué extensión será el breve tiempo que le queda de vida. Lo derrotó también en las calles y en el apoyo popular, pues, mientras Maduro sólo puede reunir gente en las dos cuadras próximas a Miraflores y a la soldadesca en los cuarteles, Guaidó se luce como el líder político de reemplazo que es, en multitudinarias concentraciones a lo largo y ancho del país. En algunos casos, incluso, de manera omnisciente, ya que su figura e imagen se hace presente a través de miles de voceros en grandes concentraciones simultáneas con las de Caracas por todo el país. Lo derrotó porque ha demostrado que unió al país en una misma causa; basta ver las concentraciones en las cuales es protagonista, donde la notoria ausencia de símbolos partidistas compitiendo entre sí, se ha convertido en la característica principal de la masiva movilización ciudadana. La derrota también se siente en el plano programático e institucional, dado que ya se cuentan por decenas los encuentros de todo tipo con diversos sectores de la vida nacional, con la finalidad de ir delineando lo que será la gestión del gobierno de transición, una vez cesada la usurpación. Por todo ello y la percepción de recuperación de la confianza de la gente en la gesta de Guaidó, es posible afirmar sin lugar a dudas, que Juan Guaidó ya derrotó a Nicolás Maduro. Un futuro diferente le espera a Venezuela.

 (*) @johanperozo

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Presente sin pasado

El proceso de cambios negativos y de destrucción de la República, lo inició el llamado “chavismo” hace exactamente veinte años, en 1998 con el arribo de Chávez al poder. Dos hechos políticos concretos, a nuestro juicio, sirvieron de soporte clave para lograrlo: la Asamblea Nacional Constituyente del año 1999 y el “asalto” del Congreso Nacional el año 2005.

Por: Johan Rodríguez Perozo (*)

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Una opinión generalizada en el contexto del debate político venezolano parece ser aquella según la cual, la élite política opuesta al régimen de turno no ha mostrado capacidad para construir una visión política para el ejercicio del poder y el manejo de los asuntos de gobierno. Mucho se habla también, de la falta de formación y experiencia de la mayoría de quienes conforman dicha élite. Es claro, además, que asumir una lucha como la de hoy en Venezuela, requiere de recursos humanos con suficiente formación y consistencia, para conducir un proceso de tanta complejidad política, económica y social. Complejidad caracterizada fundamentalmente, por la destrucción del entramado institucional del país, lo cual, además de afectarnos internamente, inevitablemente ha repercutido en la relación de Venezuela con el resto de la comunidad internacional. El origen de la destrucción claro está, se sustenta en el empeño de Hugo Chávez y sus conmilitones, de imponerle a la sociedad venezolana un proyecto político totalmente ajeno a la vida en Democracia y Libertad. El de la falta de visión y formación de la élite política que combate al régimen, lo podemos encontrar en otro ámbito de la historia reciente y contemporánea.

El proceso de cambios negativos y de destrucción de la República, lo inició el llamado “chavismo” hace exactamente veinte años, en 1998 con el arribo de Chávez al poder. Dos hechos políticos concretos, a nuestro juicio, sirvieron de soporte clave para lograrlo: la Asamblea Nacional Constituyente del año 1999 y el “asalto” del Congreso Nacional el año 2005. En la misma línea argumental podemos señalar, que la inconsistencia de la élite política adversaria del régimen, también tiene un origen. Lo podemos encontrar en el marco temporal del proceso de instauración y desarrollo del proyecto democrático iniciado en 1958, cuyo desarrollo se llevó a cabo en el transcurso de cuarenta años. Ocho presidentes (dos de éstos en dos ocasiones), Rómulo Betancourt, 1959 – 1963; Raúl Leoni, 1963 – 1968; Rafael Caldera, 1969 – 1973; Carlos Andrés Pérez, 1974 – 1978; Luis Herrera Campins, 1979 – 1983; Jaime Lusinchi, 1984 – 1988; Carlos Andrés Pérez II, 1989 – 1993; Octavio Lepage, mayo – junio de 1993; Ramón J. Velásquez, junio de 1993 – febrero de 1994 y Rafael Caldera II, 1994 – 1998, se sucedieron en mandatos de cinco años cada uno, con la excepción de Carlos Andrés Pérez, a quien se le recortó el segundo mandato en unos meses por razones ampliamente conocidas.

Pues bien, como es fácil inferir de ese recorrido histórico, no hay que hacer un esfuerzo mayor para comprender cuantos venezolanos tuvieron el privilegio y la oportunidad de formarse para la política y el manejo de los asuntos del Estado y de gobierno, en el contexto de la ejecución de estos mandatos. Se trataba entonces, del protagonismo de la generación fundadora de los partidos e impulsores desde la década de los cuarenta y en la lucha contra la dictadura de los cincuenta, de quienes sembraron la semilla democrática en la sociedad venezolana. Agréguese  al proceso de formación de la élite política de la época, la pléyade de venezolanos formados en el ámbito del sector militar, de las relaciones internacionales y más allá del sector público, en el campo de la economía y la producción, los asuntos sociales, en el sector universitario, el sector petrolero, el ámbito de los deportes y la cultura, en fin, cuarenta años de formación de recursos humanos y capital social, para la Venezuela que conoció del progreso y la vida en Democracia y Libertad. En tal contexto, tenemos que para quienes formaron parte o aún permanecen en las familias políticas principales que protagonizaron esa etapa de la historia contemporánea del país, hace ya veinticinco años (en el caso de los adecos), treinta y cuatro (en el de los copeyanos) y veinte (en el de los asociados con Caldera II), que no han tenido relación alguna con el manejo del poder, en tanto éste se exprese en responsabilidad de manejo del Estado y los asuntos de gobierno.

Luego del proceso de decadencia de los principales proyectos político – partidistas que le dieron sustento a la instauración de la Democracia en Venezuela, léase Acción Democrática, Copei y un tanto el Movimiento al Socialismo y CausaR, partidos que también ocuparon posiciones de poder en ese espacio de tiempo (sin menoscabar el aporte de otras organizaciones que participaron activamente en escenarios como el Congreso Nacional), ya entrado el siglo XXI surgieron nuevas expresiones políticas, con la idea e intención de sustituir a los partidos en decadencia. Estas nuevas expresiones organizativas, les ha tocado vivir el tiempo de la turbulencia permanente que ha significado el chavismo en el poder. Es claro que, ni han tenido la oportunidad de formarse en asuntos de estado y de gobierno y tampoco en temas de alta complejidad, representados en la lucha por el poder. El proceso extemporáneo de maduración de esta nueva camada de líderes políticos, característico de quienes han surgido a la lucha por el poder sin la formación, consistencia y conocimiento real del significado de la confrontación con el autoritarismo del régimen, pone las cosas en un verdadero plano de dificultades.

Quizás sea ésa una de las razones por la que la sociedad venezolana no le encuentra una salida clara a la tragedia que hoy vive. Se requiere de una élite pensante capaz de construir una visión política con un proyecto político que albergue la esperanza y la energía política de una ciudadanía ávida de conducción real, con consistencia en el ideal y las acciones para sacarla del marasmo en el que se encuentra Venezuela. Quién o quienes están pensando, leyendo, estudiando en los partidos el drama que hoy nos acogota y amenaza con liquidarnos como sociedad. De dónde habrá de salir el liderazgo de este tiempo que, al igual que surgió en el año 1958 tras la caída del penúltimo dictador, asuma la reconducción del país y la reconquista de su vida en Libertad y Democracia. Es claro al menos, que del absurdo debate y la competencia de insultos en desarrollo en torno al hecho electoral convocado tramposamente por el régimen no será. La sociedad venezolana está expectante, esperando por esa conducción asertiva y con visión política de futuro y en nuestra modesta opinión, lista para acompañarla masivamente en la operación de desalojo del poder de la claque que hoy lo detenta. En la experiencia del pasado está la clave de cómo hacerlo hoy.

(*)@johanperozo

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El miedo está del lado de los que reprimen

Ante detención arbitraria de equipo de prensa en el Zulia
Rebelión militar aún para no militares, ultraje al centinela y menosprecio a la Fuerza Armada, son los delitos imputados a dos miembros del equipo de prensa del partido Voluntad Popular en Maracaibo, los jóvenes Alberto Cabrera y Antonio Medina. Con ésta detención suman 3 profesionales de la comunicación privados de libertad en estas horas aciagas que vive Venezuela.

Ante tal atropello, la Junta Directiva Seccional del Colegio Nacional de Periodistas del Zulia, con el respaldo de su Directiva Nacional y el gremio profesional en todo el país, hace un llamado urgente a la opinión pública y la comunidad internacional a que se reestablezca la justicia en Venezuela.

Cuando el centinela es el que ataca
“Es inaudito que se juzgue a civiles en tribunales militares, es aún más deplorable que dos ciudadanos cuyo único delito es informar hayan sido trasladados a la cárcel de Santa Ana, en el estado Táchira, pasando por encima de las instrucciones emanadas del Ministerio Público de colaborar con la prensa. Defenderse de un centinela que te ataca no puede ser considerado delito, los represores tienen miedo y por eso están actuando con cobardía” denunció el titular del CNP en la región, Leonardo Pérez Álvarez.
El cuerpo colegiado también rechaza la agresión física y robo de equipos de trabajo hacia Letty Vasquez, miembro de la directiva del CNP y Carla Riera, ambas periodistas, quienes fueron víctimas de atropellos durante el incidente en el cual resultó detenido y posteriormente condenado el concejal marabino Ángel Machado.
“Es típico de dictaduras militares la persecución de civiles a través de instancias que no se corresponden a la jurisdicción que indica la ley, lo vivieron los chilenos, argentinos, uruguayos, y ahora Venezuela, sin embargo, es importante recordar el destino de los dictadores y quienes les han acompañado en sus desmanes” reflexionó Pérez Álvarez.
La paz y el orden jurídico
El Colegio Nacional de Periodistas alza su voz para condenar el acoso a dirigentes opositores, entre ellos la detención de militantes y el allanamiento a las residencias de varios líderes de Primero Justicia, Un Nuevo Tiempo, Acción Democrática y otros factores a nivel regional en las últimas horas.
El Secretario General del CNP concluyó diciendo “solo con votos se resuelven los problemas en la democracia, lo demás es dictadura, la única forma de recuperar la paz en Venezuela es que se recupere el orden moral y jurídico”.
Se espera que en las próximas horas esta denuncia sea elevada a instancias internacionales de los Derechos Humanos, entre tanto la Junta Directiva del ente colegiado advirtió a las autoridades de los cuerpos de seguridad, que los periodistas seguirán apegados a la constitución vigente y por ende seguirán cumpliendo con su deber de informar pese a las amenazas.
Prensa CNP Zulia

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A Maduro hay que esperarlo en la “bajadita electoral”

Pareciera por los vientos que soplan, que tanto el régimen como la élite política que lo confronta y ante la sociedad venezolana y la opinión pública internacional, tienen los días contados para la búsqueda de una solución concertada.

 Por: Johan Rodríguez Perozo

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Los hechos ocurridos durante los últimos días en Venezuela, han arrojado una avalancha de consideraciones, cuyo impacto se ha hecho sentir no sólo en el país sino, además, allende las fronteras. Si algo queda claro luego del torbellino desatado, es que Venezuela está en medio del turbión de los acontecimientos internacionales. Desde los países y eventos más resaltantes ocurridos en las últimas semanas en Europa, pasando por las intervenciones de la complejidad del liderazgo político latinoamericano y sumado a ello opiniones de peso como las del Presidente de Estados Unidos y el Primer Ministro de Canadá, ya nadie podrá dudar que en Venezuela pareciera aproximarse un desenlace de su crisis interna.

Es normal que así sea pues, fue el propio Hugo Chávez y sus conmilitones, quienes introdujeron al país en esa dinámica. El empeño en convertirse en una figura internacional, haciendo del culto a su personalidad y la de su proyecto político el leitmotiv de su política, profusamente “propagandeado” con base a la montaña de dinero proveniente del petróleo venezolano, lo cual pareciera chocar hoy contra una realidad incontestable: el rechazo masivo dentro y fuera del país. Es claro, además, que los “herederos” del poder dejados por Chávez, han fracasado rotundamente en todos los sentidos. Nunca Venezuela vivió los niveles de conflicto que hoy sufre la sociedad venezolana, jamás el país había sido visto como el país empobrecido, miserable y digno de toda conmiseración como es visto hoy a nivel mundial.

Los resultados de la consulta popular llevada a cabo por la ciudadanía y promovida fundamentalmente por los factores que integran la plataforma congregada en la MUD, colocan la dinámica de la crisis en otros niveles. Es clara la demostración de imposibilidad del régimen de sostenerse más tiempo en el poder. También lo es que, probablemente, la solución definitiva no está en provocar una suerte de guerra civil para dirimir el tema. Pero si lo puede ser, que como derivación de la agudización del conflicto, surja la necesidad de la negociación que permita arribar a una solución definitiva. Por cierto, ha sido el propio régimen el que ha “satanizado” el concepto, provocando así que cualquier acercamiento, sólo produzca urticaria en la opinión pública. Probablemente, la dificultad mayor para llegar a este estadio, sea la seguridad del régimen en la pérdida del favor popular. Pérdida que no sólo se traduce en votos y de allí el temor de buscar el arreglo de la salida electoral, también se traduce en rechazo masivo, manifestado tanto en las investigaciones de opinión pública, como en la presencia cada vez mayor de la gente protestando en las calles.

Un paseo rápido por lo que ha sido la dinámica electoral de los últimos años, nos permite encontrar algunas pistas en torno al por qué, del temor del régimen a las elecciones. Veamos lo siguiente. La última vez en la que Chávez compitió por la Presidencia de la República, le ganó de manera contundente a Henrique Capriles, quien surgió con mucha fuerza como la opción unitaria de la oposición al régimen. Entonces Hugo Chávez se impuso a Capriles por una diferencia de aproximadamente 1.600.000 votos. Chávez sólo perdió en Mérida por una mínima diferencia de 12.300 votos y en Táchira por unos 82.150. Meses después, el llamado legado electoral en manos de Nicolás Maduro, sufrió una merma de unos 600.000 votos aproximadamente, con lo cual condujo a sus huestes a la derrota, en diez de las veinticuatro entidades electorales. Dos años después, la brecha derivada de la pérdida de apoyo popular para las huestes chavistas, entre el triunfo de Chávez y la elección parlamentaria de diciembre del 2015, se convirtió entonces en una masa de 2.850.000 electores aproximadamente. Es así como, para la elección parlamentaria, cuyo resultado final le otorgó la composición de dos tercios a la oposición, el chavismo conducido por Maduro resultó derrotado en 18 de las 24 entidades electorales.

Los resultados del experimento consultivo del 16D, más allá de sus implicaciones legales, parecieran constituir un alarde definitivo de la población, acerca de cómo se ha movido el péndulo del apoyo político de la sociedad venezolana. Una somera revisión de los números, junto a la manera y condiciones en que se llevó a cabo la consulta, permiten inferir con absoluta facilidad, la proyección que tendría una consulta electoral, cualquiera sea la modalidad en que ésta se proponga. Tal como reza el refranero popular, “Maduro y su régimen se podrán salvar de una picada de culebra, pero no así de la derrota más contundente que les espera, en cuanto se realice la consulta electoral”.

Ahora bien, nadie puede esperar de manera ingenua que tal consulta se produzca por obra y gracia del régimen. La propuesta de la Asamblea Nacional Constituyente, cuyo intento pretende llevar a delante Maduro, revela claramente la debilidad en la que éste se encuentra. Apelar a la brutal represión contra las manifestaciones en las calles de Venezuela, surgidas en rechazo a sus políticas, así como al reparto de bolsas de comida, en un apurado intento por retener algo de apoyo popular, sólo han logrado poner en evidencia la debilidad antes señalada. Llegados a este nivel de reflexión, es claro que luego de los hechos del domingo, del pronunciamiento universal de gobiernos, parlamentos, organizaciones multilaterales, personalidades de renombre mundial, de instituciones como la Iglesia encabezada por el Papa Francisco, de la profundización de las manifestaciones que tendrán lugar en los próximos días, de las acciones anunciadas por la Asamblea Nacional, sólo quedará como terreno fértil para cualquier negociación posible, la expectativa de la salida electoral, con todas las implicaciones que ello conlleva.

Pareciera por los vientos que soplan, que tanto el régimen como la élite política que lo confronta y ante la sociedad venezolana y la opinión pública internacional, tienen los días contados para la búsqueda de una solución concertada. Ante el rechazo de cualquier salida que signifique una guerra innecesaria entre los venezolanos y más allá de las muertes provocadas por las acciones represivas del régimen, resulta obvio pensar en que, cualquier acuerdo de resolución del conflicto, deberá culminar en el hecho electoral. De esa manera, la sociedad venezolana podrá determinar con claridad y contundencia, cuál ha de ser el destino y los nuevos derroteros por los cuales transitará el país en el tiempo por venir. De ser todo así, esta reflexión no puede terminar de otra manera sino, parafraseando el título que la origina: a Maduro y su régimen, el país entero lo esperará en la bajadita electoral.

 

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Al régimen se le acabó el carburo

La dictadura de Pérez Jiménez llego a su fin entre los años de 1957 y 1958, de la mano de la crisis militar y el desconocimiento popular, incubado en la dinámica de largos años caracterizados por la persecución, encarcelamiento y asesinato de todos aquellos que osaron disentir del régimen de entonces. Hoy, Maduro y sus conmilitones, echan mano de la tramposa y manida propuesta de instaurar una nueva Asamblea Nacional Constituyente, en vano intento por reeditar la jugada política que le permitió a Chávez convertir a Venezuela en una suerte de campamento minero

 Por: Johan Rodríguez Perozo (*)

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Un repaso interesado por el contexto histórico contemporáneo venezolano, nos lleva a hurgar en la realidad actual, con la finalidad de encontrar algunas respuestas a la situación que hoy confronta la sociedad venezolana. En ese sentido, retrotraerse a los días finales de la dictadura encabezada por el General Marcos Pérez Jiménez, intentando un parangón con la que hoy lleva sobre sus hombros Nicolás Maduro e iniciada por Hugo Chávez, no sería visto como un ejercicio desdeñable para la construcción de algunos escenarios factibles. En todo caso, existen más similitudes entre una y otra circunstancia, que diferencias notables entre éstas. Los protagonistas y responsables de la conducción de ambos regímenes marcaron su impronta, cuando asumieron la vía del Golpe de Estado como herramienta para tomar al poder. Ambos también, con sus respectivas variantes, encontraron su propio Jordán democrático y electoral que les permitió encubrir la verdadera intención de su proyecto político: abrazar el poder de manera imperecedera y liquidar todo vestigio de vida democrática y libre.

Marcos Pérez Jiménez y su camarilla, una vez que decidieron derrocar al Presidente Isaías Medina Angarita, asumieron como objetivo la toma del poder a cualquier precio. Hugo Chávez y sus conmilitones, aunque fracasaron de manera flagrante en el intento golpista de liquidar la Democracia, derrocando a Carlos Andrés Pérez, sin embargo, a la larga pudieron recomponer su proyecto y alcanzar el poder. Ayer como hoy, pérezjimenismo y chavismo se burlaron del país como les dio la gana. Pérez Jiménez y su grupo, luego de consolidar la idea del Golpe de Estado, apoyaron y se aprovecharon del hecho democrático derivado de los acontecimientos acaecidos el 18 de octubre de 1945. Chávez y sus conmilitones, una vez redimidos políticamente, mediante una dispensa presidencial, lograron alcanzar el poder por la vía electoral.

Los dos regímenes gozaron de amplio apoyo para la ejecución de sus planes. La dictadura de los años cincuenta contó con la fuerza de las bayonetas y las arcas públicas llenas de dinero. La instaurada por Chávez y Maduro, con amplio apoyo popular y elevados y nunca vistos precios del barril petrolero. A Pérez Jiménez, al menos se le reconoce haber emprendido un plan de obras, muchas de éstas continuadas en la era democrática. A Chávez y Maduro, por el contrario, se les recrimina haber dilapidado en culto a la personalidad y expansión allende la frontera del fallido proyecto político, la fortuna más gigantesca de la que haya gozado Venezuela en toda su historia republicana. Con el agravante para el régimen actual, que el objeto principal del demagógico discurso que lo catapultó al poder, hoy se ha convertido en la carga más pesada. La hambruna, el desabastecimiento, el deterioro en general del país, la muerte de miles de venezolanos por efectos de la violencia y la decadencia de la infraestructura sanitaria, son sólo una muestra de la profundidad del estado de miseria en el que han sumido a Venezuela entera.

La dictadura de Pérez Jiménez llego a su fin entre los años de 1957 y 1958, de la mano de la crisis militar y el desconocimiento popular, incubado en la dinámica de largos años caracterizados por la persecución, encarcelamiento y asesinato de todos aquellos que osaron disentir del régimen de entonces. La corrupción hizo metástasis en las entrañas del estamento civil y militar que la sostenía, hasta que un pueblo, aparentemente adormecido, junto a instituciones políticas, sindicales, profesionales, universitarias, empresariales y eclesiásticas, apoyados en el alzamiento militar de la época, decidieron ponerle fin al oprobio que los atosigaba. Días previos a la caída del régimen encabezado por Pérez Jiménez, se produjeron varios hechos significativos que, de una u otra manera, contribuyeron para determinar ese final. La Pastoral de Monseñor Arias Blanco, la huelga estudiantil de noviembre de 1957, la huelga de la prensa llevada a cabo por esos días, fueron algunos de los acontecimientos que contribuyeron a poner fin al régimen de entonces.

Hoy como ayer, el régimen iniciado por Hugo Chávez y continuado por Nicolás Maduro, se debate en medio de una crisis de características similares. Corroído por la incapacidad, el sectarismo, la ignorancia y el resentimiento político y social, el régimen chavista ve venir en el horizonte el tsunami político y social que pondrá fin a más de tres lustros de ignominia. Hoy como ayer, un liderazgo político variopinto, apoyado en la enérgica presencia en las calles del movimiento estudiantil, a cuya participación activa se agrega masivamente una ciudadanía enardecida pero esperanzada, inspirados sin ninguna duda, en la profunda convicción por la vida en Democracia y Libertad y en la orientación de la fé cristiana que emana de las distintas corrientes teológicas compartidas por una sociedad plural, se apresta a dar al traste con las pretensiones hegemónicas de un régimen que ya no aguanta el impacto de la crisis generada pos sus acciones.

Ayer, Marcos Pérez Jiménez intentó, bajo la engañifa del plebiscito, prolongar la vida del régimen dictatorial. Hoy, Maduro y sus conmilitones, echan mano de la tramposa y manida propuesta de instaurar una nueva Asamblea Nacional Constituyente, en vano intento por reeditar la jugada política que le permitió a Chávez convertir a Venezuela en una suerte de campamento minero. Al igual que ayer, bajo el signo de la misma herramienta que pretende servir de base a la prolongación de la tragedia que ha significado el chavismo en el poder, hoy, la fuerza telúrica de un pueblo cansado de tanta ignominia, derrumbará contundentemente las pretensiones de prolongarse en el poder de Maduro y su claque.

Los venezolanos estamos obligados, por nuestra propia historia, a convertir esa convocatoria en el punto clave capaz de reunir la fuerza necesaria que liquidará al régimen moribundo. Cuatro factores fundamentales están llamados a jugar un papel clave en el logro de tal objetivo. 1.- La conjunción de las fuerzas agrupadas hoy en torno a la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), configurada fundamentalmente por los partidos que la integran, de la mano de sus respectivos liderazgos, ampliamente reconocidos por la comunidad nacional e internacional. Todo ello apoyado en la fuerza electoral expresada en la conformación del actual parlamento nacional, bajo cuya institucionalidad ejercen de manera representativa del país, los 112 diputados elegidos por la contundente mayoría de venezolanos que se expresó en su favor en diciembre de 2015. 2.- Los sectores institucionales e individualidades alineados desde distintos frentes en la lucha contra el régimen tales como, movimiento estudiantil, movimiento sindical, academias científicas, universidades, gremios profesionales, empresariales, comerciales, productores del campo, industriales, comerciantes, transportistas, emprendedores, mujeres, movimientos vecinales, culturales, deportivos, al lado de figuras prominentes y representativas, líderes provenientes de las distintas instituciones antes señaladas, cuya independencia circunstancial de militancia partidista, no los exime de aportar como muchos ya lo están haciendo, de dar su contribución a esta causa por Venezuela- 3.- La movilización activa y participación no sólo en el debate político sino además, en las acciones concretas que desde su perspectiva vienen dando figuras y movimientos que en un principio se identificaron y participaron con la causa representada por las ideas impulsadas por Hugo Chávez y que hoy ven de manera coincidente con la mayoría del país, como Maduro y quienes le acompañan, se encaminan a la etapa más grave de destrucción del país que la historia venezolana haya conocido. 4.- La inmensa energía política y social que hoy se expresa en la calle, con la presencia masiva de una ciudadanía, en cuyos genes se incuba la fuerza que insufla las convicciones democráticas de una sociedad que no está dispuesta a rendirse ante el tirano. Esa fuerza ciudadana que ha logrado expresarse con claridad y contundencia las veces que ha sido necesario, tanto en participación electoral, como en acompañamiento al llamado a la calle del liderazgo político.

En tal sentido y como ya ha sido señalado con anterioridad, hoy como ayer, la convocatoria a realizar una nueva Asamblea Nacional Constituyente, será la herramienta útil que la sociedad venezolana, conjugada en una sola consigna de lucha capaz de convertirse en la causa más representativa de los anhelos de Libertad y Democracia de toda Venezuela, ha de proclamar a los cuatro vientos: “hay que impedir que se haga la Constituyente”. Impedir la realización de la Constituyente tramposa de Maduro, significará el derrumbe definitivo del régimen. Tal como reza la jerga popular, ¡hay que darle un parao a la dictadura! Impedir la Constituyente, será la tarea de todos quienes albergamos el deseo de vivir en un país decente y de progreso. Será el esfuerzo definitivo que detendrá al oprobioso régimen de Nicolás Maduro y con su caída, Venezuela verá definitivamente la luz del surgimiento de una nueva vida en Libertad y Democracia.

(*) @johanperozo

 

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