Con una propuesta esperpéntica intentan arrebatar el nombre de Vargas a la región.

“Por este Puerto entró Don Vargas Machuca, procedente de las Islas Canarias y procreó al niño José María Vargas, quien en una de sus diatribas políticas dijo a Pedro Carujo: “El mundo no es de los valientes, el mundo es del hombre justo”. El Doctor José María Vargas fue Presidente de Venezuela y fundador de las Ciencias Médicas en nuestro país”.

Por: Johan Rodríguez Perozo (*)

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El párrafo anterior, en la voz del destacado locutor venezolano, Porfirio Torres, forma parte de un trabajo documental en proceso de elaboración de la Fundación Catedra Flotante, acerca de la debacle natural que afectó al estado Vargas el año 1999. A ello le agregamos algunas reflexiones, a propósito del falso debate que personeros del régimen regional pretenden promover, alrededor de la intentona de cambio del epónimo del estado Vargas. Al decir de la mayoría de los habitantes de la región, no sólo sería un esperpéntico despropósito sino, además, la confesión más clara y supina de la sinrazón y el desinterés del régimen por los verdaderos asuntos que afectan a la comunidad varguense.

Hoy, la impronta histórica de José María Vargas sigue siendo motivo de inspiración para quienes viven y habitan en esta región. La memoria de Vargas representa, además, de manera fidedigna, la idea de la civilidad política, de la formación en la educación, del progreso y el desarrollo de la ciudadanía. No es casual, que en la compleja decisión de la conversión de la región en entidad político territorial con vida propia, haya sido rubricada con la designación de su nombre como epónimo del estado. Una decisión histórica que marcó el rumbo definitivo de la configuración de la región, bajo la sombra y la influencia de lo civil y ciudadano, como eje del desarrollo y consolidación del estado como parte importante de la geografía nacional. Ese estímulo creador inspirado por la figura de Vargas, se expresa claramente en las distintas manifestaciones culturales que le dan identidad a la idiosincrasia y el gentilicio del estado Vargas.

El proceso de creación del estado Vargas vio su inicio en los prolíficos debates escenificados en la sala de sesiones del Concejo Municipal del entonces Distrito Federal. Entidad político territorial que albergaba a los Departamentos Libertador y Vargas, cuando compartían de algún modo la capitalidad del país. Entonces, figuras políticas de la región, concejales de la época como Céfora Contreras, Anibal Longa, Víctor Durán, Manuel Guacarán y Pedro Castillo, entre otros destacados varguenses quienes lucharon y participaron en tal proceso, tuvieron el privilegio de “regar con agua fresca del debate democrático”, el surco fecundo donde germinó la idea de la creación del estado. Como en los tiempos en que nació la República de Venezuela, el nombre del sabio médico, oriundo de esta prolífica región, surgió como la enseña de la civilidad con la cual quedaría sellado posteriormente el nacimiento del estado Vargas; el de más reciente creación de cuantos conforman la nación.

Sería absurdo, por decir lo menos, tener que dar pábulo a la idea esperpéntica de intentar el cambio de nombre del estado, intentando con ello borrar de un plumazo el proceso histórico que realza a la región y el mérito de saber que Vargas como epónimo, representa la exaltación de la civilidad y la visión de futuro encarnada en la vida de unos de nuestros próceres civiles de mayor renombre, el Dr. José María Vargas. Quizás sea la antojadiza manía del adanismo, o la frenética pasión por derrumbar los cimientos democráticos sobre los cuales se ha erigido la sociedad venezolana, lo que motiva a quienes nada sienten por el gentilicio y la memoria histórica de ésta, una de las regiones más importantes del país. No obstante el atropello consuetudinario al que el régimen regional nos tiene acostumbrados, es de esperar que la sociedad varguense reaccione y responda con la inteligencia y el sentir civilista que, como herencia fundamental recibida del Dr. José María Vargas, se ha hecho presente en otros tantos debates cuyas implicaciones fundamentales, se sustentan en la defensa de la Democracia, la Libertad y las mejores tradiciones de quienes habitan en este estado.

@johanperozo

CNP: 14.470


			
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En la construcción de símbolos se crece la lucha por la vida en Libertad y Democracia.

Por: Johan Rodríguez Perozo
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Un aspecto relevante en el contexto del “discurso Político”, lo constituye sin duda alguna el manejo de los símbolos. El aspecto simbólico suele representar en el imaginario colectivo, situaciones de identidad de mucho peso cuando de construir causas de lucha se trata. En la Venezuela actual la lucha por el poder se libra desde diverso ángulos. En ese sentido, en el discurso político podemos encontrar, no sólo el mensaje clave que intenta “horadar” el plano cognitivo del ciudadano sino además, el símbolo representativo de la causa de lucha que se abraza y moviliza. 
 
En el contexto de la lucha liderada por Juan Guaido M, cuyo objeto fundamental consiste en desplazar del poder a Nicolás Maduro y sus conmilitones, han ocurrido dos eventos en los últimos días que recogen bastante bien el significado simbólico de esa lucha. El primer sucedió en los predios de la línea maginot que une la región andina venezolana con el norte santanderiano colombiano. Una “talanquera”, estratégicamente dispuesta por el régimen de Maduro con la finalidad de impedir el paso de la ayuda humanitaria desde Cúcuta hacia Venezuela, fue prácticamente derribada por la ira popular. 
 
El derrumbe, en un acto de confrontación con el régimen, lo produjeron quienes decidieron traspasar dicha talanquera pasándole por encima, literalmente, no sólo a los containers y camiones allí dispuestos sino además, a los esbirros que servían de custodios a semejante aberración. La decisión de la ciudadanía, fundamentalmente tachirense, de pasar en masa hacia la ciudad de Cúcuta en búsqueda de los más elementales recursos para la sobrevivencia a la cual están sometidos la mayoría de los venezolanos, constituyó de alguna manera un “mensaje simbólico” de lo que la ciudadanía en masa puede hacer y lograr cuando actúa movida por la ira popular. El derribo de la talanquera de Maduro puesta en la frontera, puede significar también el del régimen cuando la ciudadanía, en toda Venezuela, cobre conciencia de la fuerza telúrica que representa en acciones de este tipo, la masiva movilización popular. 
 
El segundo evento a señalar en esta breve reflexión, se relaciona con la movilización popular producida en el contexto de la gira recientemente realizada por Juan Guaido en la zona occidental del país. El paso de Guaidó por el estado Zulia generó grandes expectativas. La ciudadanía zuliana, de las más golpeadas por la incompetencia del régimen en el manejo de los asuntos públicos, es de las que ha sufrido con mayor impacto la tragedia de los apagones en el país. Se estima en días y semanas, la gravedad de la falta de electricidad a la que ha estado sometido este importante estado del occidente del país. Sin embargo, la ira zuliana se mostró también como fuerza telúrica ciudadana y desde Paraguaipoa, pasando por la Villa del Rosario, Maracaibo y la Costa Oriental, demostró el apoyo masivo a Guaidó convertido en algo más que una protesta ciudadana. 
 
El simbolismo que hoy representa el liderazgo emergente de Guaidó, junto a esa fuerza telúrica ciudadana que se muestra sin complejos en todas las latitudes de la geografía nacional, constituyen el mejor símbolo de la lucha que los venezolanos libran con tesón para recuperar la vida en Libertad y Democracia. Junto al simbolismo que significó la presencia masiva de la zulianidad en las calles de las distintas localidades recorridas por Guaidó, ocurrió algo similar en tierras falconianas . Más de tres horas esperó la masiva concentración ciudadana en la ciudad de Coro, cuando el régimen, luego de incitar a las hordas paramilitares que le sirven de apoyo, al asedio y la persecución en las carreteras de la región de la caravana de líderes que acompañan a Juan Guaido M, ordenó cortar la energía eléctrica en la zona donde se llevaría a cabo la entusiasta concentración que aguardaba por su presencia. En esta ocasión, el simbolismo en la lucha ciudadana, se manifestó de manera curiosa y original. La ciudadanía, en claro reto al régimen de Maduro y de manera original, encendió los miles de teléfonos celulares que cada uno portaba, alumbrando así de manera artificial la inmensa concentración. 
 
El joven líder Guaidó, evidentemente afectado por la ristra de discursos pronunciados durante su recorrido occidental, perseguido por las hordas paramilitares dispuestas por el régimen, amenazado como lo fue con barricadas y talanqueras en la carretera para impedirle el paso, en demostración simbiótica de lo simbólico de su liderazgo, junto al apoyo masivo y popular de la ciudadanía, respondió de manera contundente a los intentos del régimen por detenerlo. Todo esfuerzo del régimen por lograrlo ha sido inútil. La fuerza telúrica de la gesta ciudadana que hoy libra la más importante de las luchas en aras de lograr su propia liberación, se muestra más fuerte y poderosa que nunca . 
 
He allí, pues, el gran significado que adquiere cada acto de masas, con las peculiaridades características de cada uno, pero que en la sumatoria van tejiendo ese simbolismo que marca la épica de una lucha ciudadana, liberadora del régimen que la oprime e intenta someterla a la peor de las ignominias. Es así como en el terreno de la lucha discursiva, en lo simbólico, mediante la creación de símbolos representados en ese esfuerzo ciudadano, con actos claves y estratégicos en lo político, en el plano nacional e internacional, se va tejiendo con solidez el triunfo que, al ser alcanzado, se convertirá en la realidad de cambio político que toda Venezuela y el mundo esperan y aspiran para nuestra sociedad.
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Hace rato que Guaidó derrotó a Maduro

Por: Johan Rodríguez Perozo (*)

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Guaidó decidió traspasar la frontera para hacerse presente en la discusión internacional. El escenario le es favorable, tanto que es recibido con los honores de Presidente legítimo de la República y tal tratamiento le es reconocido por los países reunidos en conferencia internacional en Bogotá.

 La lucha por el poder en Venezuela ha cobrado ribetes inesperados. Lo que en un momento dado pareció un combate simple entre facciones por arrebatárselo uno al otro, se ha convertido en un caso inédito. Cada facción utiliza las herramientas y estrategias de las cuales dispone, con la finalidad de lograr vencer al adversario. En el caso del régimen encabezado por Nicolás Maduro, no ha tenido limitaciones de ningún tipo. Tanto es así, que poco les ha importado incurrir en violaciones constantes a las leyes y la Constitución de la República. Maduro, llegado al poder por decisión de su antecesor y mentor político, Hugo Chávez y al parecer, por imposición de la nomenclatura castro-comunista de La Habana, se resiste a competir de manera limpia frente a sus adversarios.

Con Guaidó a la cabeza, los factores de oposición al régimen recuperan varios aspectos que muchos daban por perdidos: 1. La recomposición de la plataforma unitaria de la oposición; 2. La fuerza institucional y política de la Asamblea Nacional; 3. El apoyo nunca jamás visto de la comunidad internacional y 4. La movilización masiva, el entusiasmo y la credibilidad de la sociedad venezolana. Bajo estas premisas, Juan Guaidó emprende una cruzada nacional e internacional de desconocimiento del régimen de Maduro y de las fraudulentas elecciones realizadas en mayo del 2018. El día 23 de enero, en el marco de una masiva concentración en Caracas y con réplicas simultáneas en las principales ciudades del país, Guaidó, acompañado por los miembros del parlamento nacional, anuncia su decisión de asumir como Presidente encargado de la república, con la finalidad de darle aplicación y cumplimiento a lo que luego será la base de su accionar político: cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres. Así se desata una vez más el turbión de la ira y la masiva movilización popular, en respaldo a esta nueva causa. La respuesta internacional no se hizo esperar, parlamentos, gobiernos y organismos multilaterales se pronuncian mayoritariamente a favor del reconocimiento de Juan Guaidó como Presidente interino y en apoyo a la Asamblea Nacional.

Un elemento táctico se agrega a la lucha por desplazar al régimen de Maduro del poder, la solicitud e ingreso de la ayuda humanitaria, a favor de sectores deprimidos cuya suerte ha estado sometida a la falta de alimentos, medicinas y adecuada atención médica. Varios países se sumaron a esta petición en apoyo a Guaidó y su gesta política. La decisión de los diputados por hacer entrar la ayuda desde las fronteras de Colombia, Brasil y Puerto Rico, se conviertió en un casus belli por decisión de Maduro. El régimen asumió como una afrenta esta decisión y resuelve enfrentarla, cosa que hizo de manera absurda y desproporcionada, causando nuevamente muertes y heridos que se suman a las ya conocidas a lo largo de su ejercicio de poder. Nuevamente el marco internacional se abrió para discutir la situación venezolana y Guaidó decidió hacerse presente en el escenario internacional. El ambiente le es favorable y es recibido con los honores de Presidente legítimo de la República, así es reconocido por los países reunidos en conferencia del Grupo de Lima reunido en Bogotá.

La discusión en torno a la posibilidad de apoyar el ingreso de la ayuda humanitaria con fuerzas militares de otros países cobró fuerza en la opinión pública. Sin embargo, no es la decisión tomada en el foro internacional. Al momento de escribir estas reflexiones, Guaidó realiza un periplo latinoamericano y prepara el regreso al país para retomar la conducción del proceso que lo ha colocado en la cresta de la ola de un hito histórico. Cuando retorne se encontrará con un régimen cada vez más debilitado en sus cimientos y con una opinión pública mucho más comprensiva de los tiempos necesarios para lograr los cambios. Es claro que ha logrado en tan poco tiempo, lo que la élite política opuesta al régimen no pudo en mucho más. Por lo pronto algo queda claro en este marco de situaciones diversas, la incapacidad de Maduro para responder las interrogantes del periodista, acerca de por qué la gente se alimenta de la basura, si ciertamente su régimen es una dictadura o, cómo explicar a los suyos que la batalla de la frontera lo terminó de hundir a él y su régimen ante los ojos del mundo.

Guaidó ya derrotó a Maduro en varios planos. En el discursivo porque sin duda alguna las diferencias entre uno y otro son notorias. Son distintas en el tono y contenido, la decencia en el lenguaje, la coherencia en el mensaje, la ausencia del insulto fatuo y la siembra de esperanza en el contenido, han creado un abismo discursivo en todos los sentidos. Guaidó ya derrotó al régimen, al obtener el reconocimiento de la comunidad internacional, jamás logrado en la historia política contemporánea de Venezuela por causa alguna. Ese reconocimiento, paralelo al desconocimiento del régimen de Maduro, así lo ratifica. Es una derrota además, porque ya nadie se pregunta si el régimen llegará a su fin. La pregunta ahora es cómo lo hará y de qué extensión será el breve tiempo que le queda de vida. Lo derrotó también en las calles y en el apoyo popular, pues, mientras Maduro sólo puede reunir gente en las dos cuadras próximas a Miraflores y a la soldadesca en los cuarteles, Guaidó se luce como el líder político de reemplazo que es, en multitudinarias concentraciones a lo largo y ancho del país. En algunos casos, incluso, de manera omnisciente, ya que su figura e imagen se hace presente a través de miles de voceros en grandes concentraciones simultáneas con las de Caracas por todo el país. Lo derrotó porque ha demostrado que unió al país en una misma causa; basta ver las concentraciones en las cuales es protagonista, donde la notoria ausencia de símbolos partidistas compitiendo entre sí, se ha convertido en la característica principal de la masiva movilización ciudadana. La derrota también se siente en el plano programático e institucional, dado que ya se cuentan por decenas los encuentros de todo tipo con diversos sectores de la vida nacional, con la finalidad de ir delineando lo que será la gestión del gobierno de transición, una vez cesada la usurpación. Por todo ello y la percepción de recuperación de la confianza de la gente en la gesta de Guaidó, es posible afirmar sin lugar a dudas, que Juan Guaidó ya derrotó a Nicolás Maduro. Un futuro diferente le espera a Venezuela.

 (*) @johanperozo

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Presente sin pasado

El proceso de cambios negativos y de destrucción de la República, lo inició el llamado “chavismo” hace exactamente veinte años, en 1998 con el arribo de Chávez al poder. Dos hechos políticos concretos, a nuestro juicio, sirvieron de soporte clave para lograrlo: la Asamblea Nacional Constituyente del año 1999 y el “asalto” del Congreso Nacional el año 2005.

Por: Johan Rodríguez Perozo (*)

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Una opinión generalizada en el contexto del debate político venezolano parece ser aquella según la cual, la élite política opuesta al régimen de turno no ha mostrado capacidad para construir una visión política para el ejercicio del poder y el manejo de los asuntos de gobierno. Mucho se habla también, de la falta de formación y experiencia de la mayoría de quienes conforman dicha élite. Es claro, además, que asumir una lucha como la de hoy en Venezuela, requiere de recursos humanos con suficiente formación y consistencia, para conducir un proceso de tanta complejidad política, económica y social. Complejidad caracterizada fundamentalmente, por la destrucción del entramado institucional del país, lo cual, además de afectarnos internamente, inevitablemente ha repercutido en la relación de Venezuela con el resto de la comunidad internacional. El origen de la destrucción claro está, se sustenta en el empeño de Hugo Chávez y sus conmilitones, de imponerle a la sociedad venezolana un proyecto político totalmente ajeno a la vida en Democracia y Libertad. El de la falta de visión y formación de la élite política que combate al régimen, lo podemos encontrar en otro ámbito de la historia reciente y contemporánea.

El proceso de cambios negativos y de destrucción de la República, lo inició el llamado “chavismo” hace exactamente veinte años, en 1998 con el arribo de Chávez al poder. Dos hechos políticos concretos, a nuestro juicio, sirvieron de soporte clave para lograrlo: la Asamblea Nacional Constituyente del año 1999 y el “asalto” del Congreso Nacional el año 2005. En la misma línea argumental podemos señalar, que la inconsistencia de la élite política adversaria del régimen, también tiene un origen. Lo podemos encontrar en el marco temporal del proceso de instauración y desarrollo del proyecto democrático iniciado en 1958, cuyo desarrollo se llevó a cabo en el transcurso de cuarenta años. Ocho presidentes (dos de éstos en dos ocasiones), Rómulo Betancourt, 1959 – 1963; Raúl Leoni, 1963 – 1968; Rafael Caldera, 1969 – 1973; Carlos Andrés Pérez, 1974 – 1978; Luis Herrera Campins, 1979 – 1983; Jaime Lusinchi, 1984 – 1988; Carlos Andrés Pérez II, 1989 – 1993; Octavio Lepage, mayo – junio de 1993; Ramón J. Velásquez, junio de 1993 – febrero de 1994 y Rafael Caldera II, 1994 – 1998, se sucedieron en mandatos de cinco años cada uno, con la excepción de Carlos Andrés Pérez, a quien se le recortó el segundo mandato en unos meses por razones ampliamente conocidas.

Pues bien, como es fácil inferir de ese recorrido histórico, no hay que hacer un esfuerzo mayor para comprender cuantos venezolanos tuvieron el privilegio y la oportunidad de formarse para la política y el manejo de los asuntos del Estado y de gobierno, en el contexto de la ejecución de estos mandatos. Se trataba entonces, del protagonismo de la generación fundadora de los partidos e impulsores desde la década de los cuarenta y en la lucha contra la dictadura de los cincuenta, de quienes sembraron la semilla democrática en la sociedad venezolana. Agréguese  al proceso de formación de la élite política de la época, la pléyade de venezolanos formados en el ámbito del sector militar, de las relaciones internacionales y más allá del sector público, en el campo de la economía y la producción, los asuntos sociales, en el sector universitario, el sector petrolero, el ámbito de los deportes y la cultura, en fin, cuarenta años de formación de recursos humanos y capital social, para la Venezuela que conoció del progreso y la vida en Democracia y Libertad. En tal contexto, tenemos que para quienes formaron parte o aún permanecen en las familias políticas principales que protagonizaron esa etapa de la historia contemporánea del país, hace ya veinticinco años (en el caso de los adecos), treinta y cuatro (en el de los copeyanos) y veinte (en el de los asociados con Caldera II), que no han tenido relación alguna con el manejo del poder, en tanto éste se exprese en responsabilidad de manejo del Estado y los asuntos de gobierno.

Luego del proceso de decadencia de los principales proyectos político – partidistas que le dieron sustento a la instauración de la Democracia en Venezuela, léase Acción Democrática, Copei y un tanto el Movimiento al Socialismo y CausaR, partidos que también ocuparon posiciones de poder en ese espacio de tiempo (sin menoscabar el aporte de otras organizaciones que participaron activamente en escenarios como el Congreso Nacional), ya entrado el siglo XXI surgieron nuevas expresiones políticas, con la idea e intención de sustituir a los partidos en decadencia. Estas nuevas expresiones organizativas, les ha tocado vivir el tiempo de la turbulencia permanente que ha significado el chavismo en el poder. Es claro que, ni han tenido la oportunidad de formarse en asuntos de estado y de gobierno y tampoco en temas de alta complejidad, representados en la lucha por el poder. El proceso extemporáneo de maduración de esta nueva camada de líderes políticos, característico de quienes han surgido a la lucha por el poder sin la formación, consistencia y conocimiento real del significado de la confrontación con el autoritarismo del régimen, pone las cosas en un verdadero plano de dificultades.

Quizás sea ésa una de las razones por la que la sociedad venezolana no le encuentra una salida clara a la tragedia que hoy vive. Se requiere de una élite pensante capaz de construir una visión política con un proyecto político que albergue la esperanza y la energía política de una ciudadanía ávida de conducción real, con consistencia en el ideal y las acciones para sacarla del marasmo en el que se encuentra Venezuela. Quién o quienes están pensando, leyendo, estudiando en los partidos el drama que hoy nos acogota y amenaza con liquidarnos como sociedad. De dónde habrá de salir el liderazgo de este tiempo que, al igual que surgió en el año 1958 tras la caída del penúltimo dictador, asuma la reconducción del país y la reconquista de su vida en Libertad y Democracia. Es claro al menos, que del absurdo debate y la competencia de insultos en desarrollo en torno al hecho electoral convocado tramposamente por el régimen no será. La sociedad venezolana está expectante, esperando por esa conducción asertiva y con visión política de futuro y en nuestra modesta opinión, lista para acompañarla masivamente en la operación de desalojo del poder de la claque que hoy lo detenta. En la experiencia del pasado está la clave de cómo hacerlo hoy.

(*)@johanperozo

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El miedo está del lado de los que reprimen

Ante detención arbitraria de equipo de prensa en el Zulia
Rebelión militar aún para no militares, ultraje al centinela y menosprecio a la Fuerza Armada, son los delitos imputados a dos miembros del equipo de prensa del partido Voluntad Popular en Maracaibo, los jóvenes Alberto Cabrera y Antonio Medina. Con ésta detención suman 3 profesionales de la comunicación privados de libertad en estas horas aciagas que vive Venezuela.

Ante tal atropello, la Junta Directiva Seccional del Colegio Nacional de Periodistas del Zulia, con el respaldo de su Directiva Nacional y el gremio profesional en todo el país, hace un llamado urgente a la opinión pública y la comunidad internacional a que se reestablezca la justicia en Venezuela.

Cuando el centinela es el que ataca
“Es inaudito que se juzgue a civiles en tribunales militares, es aún más deplorable que dos ciudadanos cuyo único delito es informar hayan sido trasladados a la cárcel de Santa Ana, en el estado Táchira, pasando por encima de las instrucciones emanadas del Ministerio Público de colaborar con la prensa. Defenderse de un centinela que te ataca no puede ser considerado delito, los represores tienen miedo y por eso están actuando con cobardía” denunció el titular del CNP en la región, Leonardo Pérez Álvarez.
El cuerpo colegiado también rechaza la agresión física y robo de equipos de trabajo hacia Letty Vasquez, miembro de la directiva del CNP y Carla Riera, ambas periodistas, quienes fueron víctimas de atropellos durante el incidente en el cual resultó detenido y posteriormente condenado el concejal marabino Ángel Machado.
“Es típico de dictaduras militares la persecución de civiles a través de instancias que no se corresponden a la jurisdicción que indica la ley, lo vivieron los chilenos, argentinos, uruguayos, y ahora Venezuela, sin embargo, es importante recordar el destino de los dictadores y quienes les han acompañado en sus desmanes” reflexionó Pérez Álvarez.
La paz y el orden jurídico
El Colegio Nacional de Periodistas alza su voz para condenar el acoso a dirigentes opositores, entre ellos la detención de militantes y el allanamiento a las residencias de varios líderes de Primero Justicia, Un Nuevo Tiempo, Acción Democrática y otros factores a nivel regional en las últimas horas.
El Secretario General del CNP concluyó diciendo “solo con votos se resuelven los problemas en la democracia, lo demás es dictadura, la única forma de recuperar la paz en Venezuela es que se recupere el orden moral y jurídico”.
Se espera que en las próximas horas esta denuncia sea elevada a instancias internacionales de los Derechos Humanos, entre tanto la Junta Directiva del ente colegiado advirtió a las autoridades de los cuerpos de seguridad, que los periodistas seguirán apegados a la constitución vigente y por ende seguirán cumpliendo con su deber de informar pese a las amenazas.
Prensa CNP Zulia

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A Maduro hay que esperarlo en la “bajadita electoral”

Pareciera por los vientos que soplan, que tanto el régimen como la élite política que lo confronta y ante la sociedad venezolana y la opinión pública internacional, tienen los días contados para la búsqueda de una solución concertada.

 Por: Johan Rodríguez Perozo

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Los hechos ocurridos durante los últimos días en Venezuela, han arrojado una avalancha de consideraciones, cuyo impacto se ha hecho sentir no sólo en el país sino, además, allende las fronteras. Si algo queda claro luego del torbellino desatado, es que Venezuela está en medio del turbión de los acontecimientos internacionales. Desde los países y eventos más resaltantes ocurridos en las últimas semanas en Europa, pasando por las intervenciones de la complejidad del liderazgo político latinoamericano y sumado a ello opiniones de peso como las del Presidente de Estados Unidos y el Primer Ministro de Canadá, ya nadie podrá dudar que en Venezuela pareciera aproximarse un desenlace de su crisis interna.

Es normal que así sea pues, fue el propio Hugo Chávez y sus conmilitones, quienes introdujeron al país en esa dinámica. El empeño en convertirse en una figura internacional, haciendo del culto a su personalidad y la de su proyecto político el leitmotiv de su política, profusamente “propagandeado” con base a la montaña de dinero proveniente del petróleo venezolano, lo cual pareciera chocar hoy contra una realidad incontestable: el rechazo masivo dentro y fuera del país. Es claro, además, que los “herederos” del poder dejados por Chávez, han fracasado rotundamente en todos los sentidos. Nunca Venezuela vivió los niveles de conflicto que hoy sufre la sociedad venezolana, jamás el país había sido visto como el país empobrecido, miserable y digno de toda conmiseración como es visto hoy a nivel mundial.

Los resultados de la consulta popular llevada a cabo por la ciudadanía y promovida fundamentalmente por los factores que integran la plataforma congregada en la MUD, colocan la dinámica de la crisis en otros niveles. Es clara la demostración de imposibilidad del régimen de sostenerse más tiempo en el poder. También lo es que, probablemente, la solución definitiva no está en provocar una suerte de guerra civil para dirimir el tema. Pero si lo puede ser, que como derivación de la agudización del conflicto, surja la necesidad de la negociación que permita arribar a una solución definitiva. Por cierto, ha sido el propio régimen el que ha “satanizado” el concepto, provocando así que cualquier acercamiento, sólo produzca urticaria en la opinión pública. Probablemente, la dificultad mayor para llegar a este estadio, sea la seguridad del régimen en la pérdida del favor popular. Pérdida que no sólo se traduce en votos y de allí el temor de buscar el arreglo de la salida electoral, también se traduce en rechazo masivo, manifestado tanto en las investigaciones de opinión pública, como en la presencia cada vez mayor de la gente protestando en las calles.

Un paseo rápido por lo que ha sido la dinámica electoral de los últimos años, nos permite encontrar algunas pistas en torno al por qué, del temor del régimen a las elecciones. Veamos lo siguiente. La última vez en la que Chávez compitió por la Presidencia de la República, le ganó de manera contundente a Henrique Capriles, quien surgió con mucha fuerza como la opción unitaria de la oposición al régimen. Entonces Hugo Chávez se impuso a Capriles por una diferencia de aproximadamente 1.600.000 votos. Chávez sólo perdió en Mérida por una mínima diferencia de 12.300 votos y en Táchira por unos 82.150. Meses después, el llamado legado electoral en manos de Nicolás Maduro, sufrió una merma de unos 600.000 votos aproximadamente, con lo cual condujo a sus huestes a la derrota, en diez de las veinticuatro entidades electorales. Dos años después, la brecha derivada de la pérdida de apoyo popular para las huestes chavistas, entre el triunfo de Chávez y la elección parlamentaria de diciembre del 2015, se convirtió entonces en una masa de 2.850.000 electores aproximadamente. Es así como, para la elección parlamentaria, cuyo resultado final le otorgó la composición de dos tercios a la oposición, el chavismo conducido por Maduro resultó derrotado en 18 de las 24 entidades electorales.

Los resultados del experimento consultivo del 16D, más allá de sus implicaciones legales, parecieran constituir un alarde definitivo de la población, acerca de cómo se ha movido el péndulo del apoyo político de la sociedad venezolana. Una somera revisión de los números, junto a la manera y condiciones en que se llevó a cabo la consulta, permiten inferir con absoluta facilidad, la proyección que tendría una consulta electoral, cualquiera sea la modalidad en que ésta se proponga. Tal como reza el refranero popular, “Maduro y su régimen se podrán salvar de una picada de culebra, pero no así de la derrota más contundente que les espera, en cuanto se realice la consulta electoral”.

Ahora bien, nadie puede esperar de manera ingenua que tal consulta se produzca por obra y gracia del régimen. La propuesta de la Asamblea Nacional Constituyente, cuyo intento pretende llevar a delante Maduro, revela claramente la debilidad en la que éste se encuentra. Apelar a la brutal represión contra las manifestaciones en las calles de Venezuela, surgidas en rechazo a sus políticas, así como al reparto de bolsas de comida, en un apurado intento por retener algo de apoyo popular, sólo han logrado poner en evidencia la debilidad antes señalada. Llegados a este nivel de reflexión, es claro que luego de los hechos del domingo, del pronunciamiento universal de gobiernos, parlamentos, organizaciones multilaterales, personalidades de renombre mundial, de instituciones como la Iglesia encabezada por el Papa Francisco, de la profundización de las manifestaciones que tendrán lugar en los próximos días, de las acciones anunciadas por la Asamblea Nacional, sólo quedará como terreno fértil para cualquier negociación posible, la expectativa de la salida electoral, con todas las implicaciones que ello conlleva.

Pareciera por los vientos que soplan, que tanto el régimen como la élite política que lo confronta y ante la sociedad venezolana y la opinión pública internacional, tienen los días contados para la búsqueda de una solución concertada. Ante el rechazo de cualquier salida que signifique una guerra innecesaria entre los venezolanos y más allá de las muertes provocadas por las acciones represivas del régimen, resulta obvio pensar en que, cualquier acuerdo de resolución del conflicto, deberá culminar en el hecho electoral. De esa manera, la sociedad venezolana podrá determinar con claridad y contundencia, cuál ha de ser el destino y los nuevos derroteros por los cuales transitará el país en el tiempo por venir. De ser todo así, esta reflexión no puede terminar de otra manera sino, parafraseando el título que la origina: a Maduro y su régimen, el país entero lo esperará en la bajadita electoral.

 

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Al régimen se le acabó el carburo

La dictadura de Pérez Jiménez llego a su fin entre los años de 1957 y 1958, de la mano de la crisis militar y el desconocimiento popular, incubado en la dinámica de largos años caracterizados por la persecución, encarcelamiento y asesinato de todos aquellos que osaron disentir del régimen de entonces. Hoy, Maduro y sus conmilitones, echan mano de la tramposa y manida propuesta de instaurar una nueva Asamblea Nacional Constituyente, en vano intento por reeditar la jugada política que le permitió a Chávez convertir a Venezuela en una suerte de campamento minero

 Por: Johan Rodríguez Perozo (*)

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Un repaso interesado por el contexto histórico contemporáneo venezolano, nos lleva a hurgar en la realidad actual, con la finalidad de encontrar algunas respuestas a la situación que hoy confronta la sociedad venezolana. En ese sentido, retrotraerse a los días finales de la dictadura encabezada por el General Marcos Pérez Jiménez, intentando un parangón con la que hoy lleva sobre sus hombros Nicolás Maduro e iniciada por Hugo Chávez, no sería visto como un ejercicio desdeñable para la construcción de algunos escenarios factibles. En todo caso, existen más similitudes entre una y otra circunstancia, que diferencias notables entre éstas. Los protagonistas y responsables de la conducción de ambos regímenes marcaron su impronta, cuando asumieron la vía del Golpe de Estado como herramienta para tomar al poder. Ambos también, con sus respectivas variantes, encontraron su propio Jordán democrático y electoral que les permitió encubrir la verdadera intención de su proyecto político: abrazar el poder de manera imperecedera y liquidar todo vestigio de vida democrática y libre.

Marcos Pérez Jiménez y su camarilla, una vez que decidieron derrocar al Presidente Isaías Medina Angarita, asumieron como objetivo la toma del poder a cualquier precio. Hugo Chávez y sus conmilitones, aunque fracasaron de manera flagrante en el intento golpista de liquidar la Democracia, derrocando a Carlos Andrés Pérez, sin embargo, a la larga pudieron recomponer su proyecto y alcanzar el poder. Ayer como hoy, pérezjimenismo y chavismo se burlaron del país como les dio la gana. Pérez Jiménez y su grupo, luego de consolidar la idea del Golpe de Estado, apoyaron y se aprovecharon del hecho democrático derivado de los acontecimientos acaecidos el 18 de octubre de 1945. Chávez y sus conmilitones, una vez redimidos políticamente, mediante una dispensa presidencial, lograron alcanzar el poder por la vía electoral.

Los dos regímenes gozaron de amplio apoyo para la ejecución de sus planes. La dictadura de los años cincuenta contó con la fuerza de las bayonetas y las arcas públicas llenas de dinero. La instaurada por Chávez y Maduro, con amplio apoyo popular y elevados y nunca vistos precios del barril petrolero. A Pérez Jiménez, al menos se le reconoce haber emprendido un plan de obras, muchas de éstas continuadas en la era democrática. A Chávez y Maduro, por el contrario, se les recrimina haber dilapidado en culto a la personalidad y expansión allende la frontera del fallido proyecto político, la fortuna más gigantesca de la que haya gozado Venezuela en toda su historia republicana. Con el agravante para el régimen actual, que el objeto principal del demagógico discurso que lo catapultó al poder, hoy se ha convertido en la carga más pesada. La hambruna, el desabastecimiento, el deterioro en general del país, la muerte de miles de venezolanos por efectos de la violencia y la decadencia de la infraestructura sanitaria, son sólo una muestra de la profundidad del estado de miseria en el que han sumido a Venezuela entera.

La dictadura de Pérez Jiménez llego a su fin entre los años de 1957 y 1958, de la mano de la crisis militar y el desconocimiento popular, incubado en la dinámica de largos años caracterizados por la persecución, encarcelamiento y asesinato de todos aquellos que osaron disentir del régimen de entonces. La corrupción hizo metástasis en las entrañas del estamento civil y militar que la sostenía, hasta que un pueblo, aparentemente adormecido, junto a instituciones políticas, sindicales, profesionales, universitarias, empresariales y eclesiásticas, apoyados en el alzamiento militar de la época, decidieron ponerle fin al oprobio que los atosigaba. Días previos a la caída del régimen encabezado por Pérez Jiménez, se produjeron varios hechos significativos que, de una u otra manera, contribuyeron para determinar ese final. La Pastoral de Monseñor Arias Blanco, la huelga estudiantil de noviembre de 1957, la huelga de la prensa llevada a cabo por esos días, fueron algunos de los acontecimientos que contribuyeron a poner fin al régimen de entonces.

Hoy como ayer, el régimen iniciado por Hugo Chávez y continuado por Nicolás Maduro, se debate en medio de una crisis de características similares. Corroído por la incapacidad, el sectarismo, la ignorancia y el resentimiento político y social, el régimen chavista ve venir en el horizonte el tsunami político y social que pondrá fin a más de tres lustros de ignominia. Hoy como ayer, un liderazgo político variopinto, apoyado en la enérgica presencia en las calles del movimiento estudiantil, a cuya participación activa se agrega masivamente una ciudadanía enardecida pero esperanzada, inspirados sin ninguna duda, en la profunda convicción por la vida en Democracia y Libertad y en la orientación de la fé cristiana que emana de las distintas corrientes teológicas compartidas por una sociedad plural, se apresta a dar al traste con las pretensiones hegemónicas de un régimen que ya no aguanta el impacto de la crisis generada pos sus acciones.

Ayer, Marcos Pérez Jiménez intentó, bajo la engañifa del plebiscito, prolongar la vida del régimen dictatorial. Hoy, Maduro y sus conmilitones, echan mano de la tramposa y manida propuesta de instaurar una nueva Asamblea Nacional Constituyente, en vano intento por reeditar la jugada política que le permitió a Chávez convertir a Venezuela en una suerte de campamento minero. Al igual que ayer, bajo el signo de la misma herramienta que pretende servir de base a la prolongación de la tragedia que ha significado el chavismo en el poder, hoy, la fuerza telúrica de un pueblo cansado de tanta ignominia, derrumbará contundentemente las pretensiones de prolongarse en el poder de Maduro y su claque.

Los venezolanos estamos obligados, por nuestra propia historia, a convertir esa convocatoria en el punto clave capaz de reunir la fuerza necesaria que liquidará al régimen moribundo. Cuatro factores fundamentales están llamados a jugar un papel clave en el logro de tal objetivo. 1.- La conjunción de las fuerzas agrupadas hoy en torno a la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), configurada fundamentalmente por los partidos que la integran, de la mano de sus respectivos liderazgos, ampliamente reconocidos por la comunidad nacional e internacional. Todo ello apoyado en la fuerza electoral expresada en la conformación del actual parlamento nacional, bajo cuya institucionalidad ejercen de manera representativa del país, los 112 diputados elegidos por la contundente mayoría de venezolanos que se expresó en su favor en diciembre de 2015. 2.- Los sectores institucionales e individualidades alineados desde distintos frentes en la lucha contra el régimen tales como, movimiento estudiantil, movimiento sindical, academias científicas, universidades, gremios profesionales, empresariales, comerciales, productores del campo, industriales, comerciantes, transportistas, emprendedores, mujeres, movimientos vecinales, culturales, deportivos, al lado de figuras prominentes y representativas, líderes provenientes de las distintas instituciones antes señaladas, cuya independencia circunstancial de militancia partidista, no los exime de aportar como muchos ya lo están haciendo, de dar su contribución a esta causa por Venezuela- 3.- La movilización activa y participación no sólo en el debate político sino además, en las acciones concretas que desde su perspectiva vienen dando figuras y movimientos que en un principio se identificaron y participaron con la causa representada por las ideas impulsadas por Hugo Chávez y que hoy ven de manera coincidente con la mayoría del país, como Maduro y quienes le acompañan, se encaminan a la etapa más grave de destrucción del país que la historia venezolana haya conocido. 4.- La inmensa energía política y social que hoy se expresa en la calle, con la presencia masiva de una ciudadanía, en cuyos genes se incuba la fuerza que insufla las convicciones democráticas de una sociedad que no está dispuesta a rendirse ante el tirano. Esa fuerza ciudadana que ha logrado expresarse con claridad y contundencia las veces que ha sido necesario, tanto en participación electoral, como en acompañamiento al llamado a la calle del liderazgo político.

En tal sentido y como ya ha sido señalado con anterioridad, hoy como ayer, la convocatoria a realizar una nueva Asamblea Nacional Constituyente, será la herramienta útil que la sociedad venezolana, conjugada en una sola consigna de lucha capaz de convertirse en la causa más representativa de los anhelos de Libertad y Democracia de toda Venezuela, ha de proclamar a los cuatro vientos: “hay que impedir que se haga la Constituyente”. Impedir la realización de la Constituyente tramposa de Maduro, significará el derrumbe definitivo del régimen. Tal como reza la jerga popular, ¡hay que darle un parao a la dictadura! Impedir la Constituyente, será la tarea de todos quienes albergamos el deseo de vivir en un país decente y de progreso. Será el esfuerzo definitivo que detendrá al oprobioso régimen de Nicolás Maduro y con su caída, Venezuela verá definitivamente la luz del surgimiento de una nueva vida en Libertad y Democracia.

(*) @johanperozo

 

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¡Con mi líder no te metas!

 

En este caso podríamos afirmar, sin temor a equívoco alguno, que ambos son personas que gozan de amplio aprecio en la comunidad nacional. Evidentemente, guardando la respectiva distancia ya que, ni César Miguel anda en planes de aspiración política alguna, ni Ma’Corina es conocida por su trayectoria de comunicadora social.

 Por: Johan Rodríguez Perozo (*)

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Iniciamos esta nota, haciendo mención del concepto de Líder de Opinión. En general, se entiende por tal aquella persona a quien se percibe con capacidad para influir en otros, mediante el ejercicio profesional de la mediación informativa. El líder de opinión, en clara demostración de un exitoso desempeño profesional, logra para sí el reconocimiento de la opinión pública, en todo cuanto atañe al rol que le caracteriza. La consolidación de su imagen como tal le viene dada, además, por esa capacidad atribuida a su trabajo, para influir de manera determinante en las personas que le siguen y admiran. Es capaz también, en razón de tal influencia, de convertirse en modelo ideal de comportamiento, en el contexto del desarrollo de la cultura política de una sociedad determinada. Influencer,  gustan de llamarlo o denominarlo así los anglosajones. Su influencia es proporcional a la reputación adquirida por diversas razones tales como, trayectoria personal y profesional, conocimiento y dominio acerca de los temas con relación a los cuales suele orientar a los demás, con lo cual se hace acreedor de amplios reconocimientos del contexto social en el cual se desempeña.

Dicho lo anterior, hemos de atribuir, sin ánimo de adulancia alguna, a una persona como César Miguel Rondón, tales características. César Miguel, como es ampliamente sabido, es un comunicador social de la más amplia trayectoria nacional e internacional. Por circunstancias de la vida, en nuestra modesta opinión, se ha convertido en un verdadero ícono de la comunicación en el país, dado el rol que ha asumido desde hace más de treinta años en la radio venezolana. Ello, sin dejar de lado su amplia trayectoria en otros ámbitos relacionados con la materia.

La mención viene a cuento, a propósito de la polémica levantada en algunos medios, a raíz de un evidente mal entendido derivado de una de sus entrevistas mañaneras y que involucra a la líder política María Corina Machado. Para quienes escuchamos de manera consecuente a César Miguel en su programa mañanero y que, además “para variar”, fuimos oyentes del programa en cuestión, no podemos menos que sentirnos sorprendidos por la alharaca levantada en torno al mismo. Es claro que la mención, ciertamente un tanto crítica hacia María Corina, surgió del entrevistado de ese momento. En este caso del líder sindical de los trabajadores de la salud, Pablo Zambrano. Es evidente, como se desprendió del tono de la mención formulada por Zambrano, que no hay simpatía alguna de su parte hacia Ma’Corina, lo cual no quiere decir que de ello se haga responsable al entrevistador, por los conceptos emitidos por Zambrano.

Lo cierto es que el incidente, como materia de dominio público, hizo mella en la débil epidermis de muchos protagonistas políticos. El tema ha servido incluso, para un nuevo intento de división muy peculiar, ahora entre “rondoncistas” y “Ma’Corinistas”.

En este caso podríamos afirmar, sin temor a equívoco alguno, que ambos son personas que gozan de amplio aprecio en la comunidad nacional. Evidentemente, guardando la respectiva distancia ya que, ni César Miguel anda en planes de aspiración política alguna, ni Ma’Corina es conocida por su trayectoria de comunicadora social. El concepto con el cual iniciamos esta reflexión, se ajusta perfectamente al rol que cumple un personaje como César Miguel Rondón, en medio del “samplegorio” que hoy vive Venezuela. Si algún reconocimiento merece este personaje del mundo mediático venezolano, es el de haber asumido de manera responsable, la orientación de los venezolanos en muchos sentidos, desde su plataforma informativa. Y es que César Miguel, por propia iniciativa, ha llevado su rol de líder de opinión no sólo a las ondas hertzianas sino además, al plano literario. La contribución dada al país con las publicaciones ordenadas de muchos de los temas fundamentales tratados en sus variopintas entrevistas, son eso, un aporte singular al proceso de concientización de los venezolanos. Abstracción hecha del evidente impacto político y comunicacional de su liderazgo de opinión, Venezuela sabe que tiene en César Miguel a uno de sus más serios, razonables y objetivos orientadores de la opinión pública venezolana. De allí el amplio reconocimiento del cual es objeto, incluso, allende la frontera.

De Ma’Corina es justicia decir, que en ella tenemos, independientemente de sus bemoles y las simpatías generadas hacia su figura política, a una de las mujeres más valientes con la cual ha contado la lucha por la Libertad y la Democracia en Venezuela. Más allá del juicio de valor que nos merezca su actuación pública, ese será uno de sus grandes méritos reconocido por tirios y troyanos. Es por ello que nos animamos a escribir estas reflexiones, cuyo único objeto sería el de intentar aplacar a tanto “manager de tribuna” que caracteriza el debate político venezolano. La monta del compromiso que la sociedad venezolana tiene por delante, en la lucha contra el oprobioso régimen que detenta el poder y que lleva como objeto fundamental el combate por conquistar el orden y la convivencia en el país, no admite esta bulla de galería absolutamente inoportuna. Bastante tenemos con la crítica aguas adentro del conglomerado opositor, a veces sin orden ni concierto, como para que tengamos que alentar falsos debates que a nadie interesa.

Por todo ello y parafraseando al gran Claudio Nazoa, podemos expresar con clara, contundente e ininteligible voz que, por favor, con mis líderes no se metan!

(*) @johanperozo

 

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¡De vaina no fui copeyano…!

Probablemente no hicimos mucha falta para ayudar a escribir la impronta histórica de un partido como COPEI. Sin embargo, hoy cuando esta organización arriba a su 71 aniversario de fundada y desde nuestra modesta tribuna opinática, hacemos un expresivo reconocimiento a quienes a lo largo de su recorrido histórico han conformado las filas de este partido.

 Por: Johan Rodríguez Perozo (*)

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A propósito de cumplirse este año 2017, el 71 aniversario de la fundación del Partido Socialcristiano COPEI, quisiera redactar esta nota, como una suerte de modesto homenaje de nuestra parte a la histórica organización y a quienes forman parte de esa comunidad política. Corría la década de los años sesenta, tiempo convulso y sumamente complicado desde la perspectiva política. En una suerte de madeja, el proceso político se confundía entre la instauración del proyecto democrático y la variopinta conspiración por detener su avance. Con Rómulo Betancourt a la cabeza del liderazgo político de entonces, desde la Presidencia de la República, compartía tal responsabilidad con Raúl Leoni y Rafael Caldera, quienes presidían ambas cámaras del Congreso Nacional. Clara señal de lo que sería en el tiempo por venir, la reafirmación del esquema bipartidista que dominó claramente el tiempo de mayor duración de gobiernos civiles y democráticos en Venezuela.

Entonces comenzábamos a tener conciencia, de muchos de los acontecimientos que se daban alrededor de nuestra realidad parroquial. Al igual que otros jóvenes de la época, acercarse a la actividad de la Iglesia Católica era un lugar común. En nuestro caso, lo hicimos atraídos por la actividad deportiva y la labor social que se llevaba a cabo en beneficio de la comunidad desde la Iglesia La Asunción, ubicada en la localidad donde vivíamos, el bloque 40 de la zona “F” del 23 de Enero. Allí conocimos a Víctor Morillo, vecino del bloque 41, líder social de la zona y reconocido activista no sólo de COPEI sino, además, de la Juventud Católica. Nuestra participación como monaguillo de la Iglesia, nos acercó a la actividad que esta organización llevaba a cabo en la parroquia. Obviamente, la Juventud Católica funcionaba como una suerte de “puente de plata”, idóneo para la captación en la militancia copeyana. Claro que Víctor hizo el esfuerzo por incorporarnos no sólo como miembros de la Juventud Católica, que lo fuimos, lo hizo también para convertirnos en activistas de la histórica Juventud Revolucionaria Copeyana (JRC). Lamentablemente para Víctor y demás compañeros de COPEI, mi procedencia de una familia adeca de profundo arraigo Betancourista, pesó con mayor fuerza en mi futuro de activista político. Sabrá Dios dónde hubiese ido a parar con mi trayectoria personal, de haber logrado Morillo el propósito de captarme para sus filas.

Más adelante, diversa fue nuestra relación con COPEI y muchos de sus integrantes, de la cual podemos extraer variadas anécdotas. Tanto en la rivalidad y el combate político, como en la relación personal y afectiva, cultivada en distintos planos de nuestra actuación pública, mantuvimos relaciones de mucha solidaridad y respeto con ésta organización política y sus miembros. Desde muy temprano aprendimos en la militancia política, a valorar la contribución que este partido y sus principales líderes aportaron a la instauración y consolidación del proyecto democrático. Rafael Caldera, Lorenzo Fernández y Pedro Del Corral, firmantes en representación de COPEI del Pacto de Punto Fijo, se encargaron con esta acción política, de dejar para la posteridad la contribución de COPEI a la Democracia venezolana. Mucho antes, cuando la democracia vio la luz en Venezuela y se consolidaba la presencia en el escenario político nacional de los llamados partidos de primera generación, los nombres de valiosos venezolanos como Pedro Del Corral, José Antonio Pérez Díaz, Pedro José Lara Peña, Víctor Jiménez Landínez, Hugo Pérez La Salvia, figuraron como los pioneros fundamentales del socialcristianismo en la política venezolana. Más adelante, junto a los mencionados, surgieron figuras como Godofredo González, Hilarión Cardozo, Luis Herrera Campins, Pedro Pablo Aguilar, Rodolfo José Cárdenas, Arístides Calvani, Abdón Vivas Terán, Eduardo Fernández, Oswaldo Álvarez Paz. Ni hablar de la contribución en este sentido aportada por las mujeres de esta tendencia ideológica, tales como, María de Guzmán, Isolda Salvatierra, Aideé Castillo, Céfora Contreras, Adonis Dáger, Debora Carpio, Leonor Mirabal, Nidia Villegas, Elys Ojeda, Mercedes Pulido, María Bernardoni, Flora Aranguren y tantas otras luchadoras de ese partido en las barriadas populares de Caracas y diferentes poblaciones del país.

Para la preparación de un trabajo académico actualmente en realización, hemos revisado algunas notas, cuya lectura nos lleva a considerar, entre otras organizaciones, la actuación de COPEI y sus figuras más destacadas, en el marco histórico reciente. Trata de los acontecimientos políticos más relevantes, ocurridos en el contexto del año 1958, tiempo clave en el proceso de instauración del proyecto democrático en Venezuela. Tres figuras surgen de manera clara de la revisión en los debates de entonces, Rafael Caldera, Luis Herrera Campins y Rodolfo José Cárdenas. Éste último, quizás el de menos y justa consideración en el tratamiento dado a los protagonistas de la época, en el contexto de los “ríos de tinta” que han corrido en miles de publicaciones referidas a los acontecimientos de esa época. Sería una perogrullada nuestra, reiterar la importancia de la contribución que de COPEI y su liderazgo, se ha de reconocer respecto al tema.

Probablemente no hicimos mucha falta para ayudar a escribir la impronta histórica de un partido como COPEI. Sin embargo, hoy cuando esta organización arriba a su 71 aniversario de fundada y desde nuestra modesta tribuna opinática, hacemos un expresivo reconocimiento a quienes a lo largo de su recorrido histórico han conformado las filas de este partido. Es claro que, al igual que otras organizaciones partidistas, COPEI no pasa por su mejor momento. Hacemos votos porque su liderazgo logre colocar la sindéresis política en su lugar y logre rescatar el rumbo que, al parecer, luce extraviado en estos momentos. Es de Perogrullo señalar la importancia de los partidos en el proceso de fortalecimiento de la Democracia, pero no lo es en el llamado a la responsabilidad que la ciudadanía reclama de la actuación de sus líderes en la conducción de las organizaciones políticas. Yo no pude ser copeyano porque no estaba en mi destino, pero, como ciudadano conocedor de los aportes de mucha gente de este partido, si les puedo exigir, como lo hacen muchos venezolanos hoy, que se revisen profundamente en un gran acto de contricción. Que en medio del maremagnun al que el régimen tiene sometida a la sociedad venezolana, bien harían los copeyanos a quienes les duele su partido, en hacer el esfuerzo y el sacrificio correspondiente, para devolverle a esta organización, patrimonio de la historia política del país, su verdadero perfil. De esta manera, colocarían a COPEI en posición de aportar, como lo hizo en el pasado, la contribución histórica a la que hoy están llamados los partidos, en beneficio del futuro de las nuevas generaciones… Salud y felicitaciones a todos los copeyanos por el arribo a sus 71 años de vida y lucha política!

(*) @johanperozo

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El régimen se atrinchera y la oposición busca una brújula

Con la venia de nuestro buen amigo, el Editor de Konzapata.com, Juan Carlos Zapata, nos permitimos reproducir en nuestro Blog, el artículo que nos publicara en el prestigioso Portal a su cargo.

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A juzgar por la orientación percibida de los diversos estudios de opinión, realizados durante el segundo semestre del año que acaba de culminar, sólidas cifras alrededor del 80% de la opinión pública, señalaron contundentemente el deseo de cambio político de la inmensa mayoría de los venezolanos

Por: Johan Rodríguez Perozo (*)

Con el inicio del año 2017 se abre una nueva etapa en Venezuela, en el marco de la lucha por el poder. El año 2016 cerró, al decir de algunos entendidos, con saldo positivo para el régimen. La “confiscación” de hecho por su parte, de la posibilidad de realizar el Referéndum Revocatorio Presidencial, junto a las elecciones de gobernadores pautadas por la ley y el calendario electoral para el mes de diciembre de 2016, así lo determina. La intensidad del debate político, motivado por la expectativa de cambio basada en los eventos antes mencionados, al lado de las movilizaciones masivas en apoyo al RR, sufrió una estruendosa caída con la aceptación por las fuerzas adversas al régimen, de hacerse parte en la llamada “Mesa de diálogo”.

A juzgar por la orientación percibida de los diversos estudios de opinión, realizados durante el segundo semestre del año que acaba de culminar, sólidas cifras alrededor del 80% de la opinión pública, señalaron contundentemente el deseo de cambio político de la inmensa mayoría de los venezolanos. Ante tales hechos surge la interrogante obligada: qué pasó que no se pudo concretar en elecciones las diversas acciones ejecutadas por las fuerzas conjugadas, fundamentalmente, alrededor de la llamada Mesa de la Unidad Democrática? Para qué sirvió el triunfo contundente obtenido en la elección parlamentaria de diciembre de 2015? Es tal el cúmulo de explicaciones en torno a estos temas, que mucha gente podría terminar confundida y atónita frente a la realidad que este año se configura ante su estado de ánimo.

El año comienza marcado por dos eventos que, al parecer, serán determinantes en el desarrollo de los acontecimientos por venir. El cambio de manos de la conducción de la Asamblea Nacional y la remoción y designación del “nuevo” tren ministerial presidido por Nicolás Maduro. De la misma manera como dos ejércitos en pleno combate, luego del alto al fuego decembrino, reacomodan sus piezas para la continuación del mismo, es de esperar de ambos movimientos tácticos o naturales, en el caso del parlamento, que surjan los elementos indicadores de cómo será el desarrollo de la lucha en esta nueva etapa. El año arranca, pues, con claras y abiertas expectativas en torno a: 1) habrá o no este año elecciones regionales y municipales y de no ocurrir, para cuándo se llevarán a cabo ambos eventos? 2) Surgirá de manera sobrevenida el hecho capaz de remover a Maduro y sus conmilitones del poder? 3) Será el 2017 el año de la estabilización de la crisis que permita al régimen bien morir el próximo año 2018?

De la misma manera como se aspira a un cambio en los mandos de Miraflores, se produjo el traspaso de la conducción del parlamento. Queda entonces pendiente, la posibilidad de relevo en la dirección política de la MUD. Sin duda alguna, los cambios efectuados por Maduro en el Poder Ejecutivo, encuadran claramente en la estrategia del régimen en el marco de la lucha en desarrollo. Es de esperar en el campo de la oposición, las respuestas correspondientes a tales movimientos. El contraste entre ambas jugadas, salta a la vista. En el seno del régimen, tienen un “verdadero tufo” a colocación en posiciones de trinchera preparándose para dar la batalla final. En la acera de enfrente, la conducción del parlamento pasó de manos de “los duros” a las del sector considerado como más conservador de la fuerza opositora al régimen.

La designación de individuos como Tarek El Aissami en la Vicepresidencia de la República, Elías Jaua en el Ministerio de Educación o Aristóbulo Istúriz  en las fulanas Comunas, además de los movimientos en el área económica, indican la clara intención del régimen de “atrincherarse” para enfrentar situaciones definitivas de conflicto. Un extenso y profundo sentimiento de rechazo a este equipo se anida en el ánimo popular. Jamás un gobierno como el liderado por Maduro, había sido tan cuestionado de manera tan abierta. Sin embargo, las fuerzas adversas al régimen, se han visto imposibilitadas para canalizar debidamente la energía de tal animadversión para desalojarlo del poder.

Cada sector lleva su procesión por dentro. A lo interno del régimen, es inocultable el reconocimiento de la incapacidad del equipo de gobierno del manejo de una crisis económica y social, provocada por sus propios desaciertos. Todo ello derivado de su torpeza en el manejo de los asuntos públicos y la corrupción que hace metástasis en el seno del gobierno. La lucha de poder por los restos de lo que queda, es demasiado evidente. El reacomodo en las posiciones ministeriales promovido por Maduro, que lo llevó a colocar en los puestos claves a los más incondicionales, obsecuentes y “resteados”, así lo indica. Al lado de tales decisiones, al parecer, se trata de camuflar al sector militar, comprometido hasta “los tuétanos” en la corrupción en todas sus facetas. Es la manera de sustraerlo del debate político que promete ser de alta intensidad. No es lo mismo la confrontación política en los diferentes ámbitos donde esta se desarrolla, con la participación activa del ala civil, que dar el debate político con militares “atravesados”, sin la experticia política necesaria para ello. Es probable además, que la estrategia supuesta o sugerida, lleve consigo la preparación del terreno para mejores momentos, de quien a todas luces se asoma como el posible relevo natural de Maduro en una futura competencia por el máximo galardón en juego, la Presidencia de la  República y éste no es otro que el “sr” Diosdado Cabello.

Entre tanto, en el campo opositor, vemos como comienza a desarrollarse una compleja disputa por las posiciones cimeras de la conducción política del país. Henry Ramos, Julio Borges, Enrique Capriles, María Corina Machado, Henry Falcón, Manuel Rosales (sin contar la eventualidad de la participación de Leopoldo López), sacan cuentas en público y en privado en torno a sus posibilidades de hacerse con la candidatura presidencial, planteada teóricamente para las elecciones de 2018. A esta lucha se agrega la diversidad de aspirantes a unas elecciones de gobernadores y alcaldes, sometidas al limbo de la arbitrariedad del régimen, utilización de un obsecuente Poder Electoral mediante, lo cual viene a complicar el cuadro. Así las cosas, la expectativa general de la ciudadanía, insuflada por una crisis que ha sometido a la población a niveles de  miseria nunca vistos, espera por un discurso político y unas acciones capaces de interpretar esta angustia colectiva.

En el marco general de esta situación, entre el final de año e inicio del nuevo, se producen tres discursos que pudieran perfectamente servir como orientación y lineamientos políticos para el sector opositor al régimen. Se trata por una parte, del documento presentado y leído en todo el país por la Iglesia y difundido principalmente por el Cardenal Urosa Savino, en el cual se recoge de manera contundente las principales razones que estimulan el reclamo de cambio político en Venezuela. Luego está la carta de Leopoldo López a la dirigencia de la MUD y a la sociedad venezolana en general, con claros lineamientos en el mismo sentido. Por último, el extenso y contundente discurso de Julio Borges, con motivo de posesionarse de la Presidencia de la Asamblea Nacional, en el cual define con mucha claridad los parámetros que guiarán la etapa parlamentaria bajo su mando.

Si como ha venido ocurriendo, el régimen lejos de aportar soluciones prácticas a temas como el desabastecimiento de alimentos y medicinas, la elevación de la más alta inflación que se haya conocido en latitud alguna del planeta, lo cual ha traído consigo la profundización de un estado de miseria en el país y agudizado la crisis con sus políticas , es de esperar la ocurrencia de eventos cuya detección a tiempo no será posible por radar político alguno. Del mismo modo, si del mundo opositor no surgen acciones vinculadas con el deseo masivo de cambio político, lo cual pasa por expulsar del poder a Maduro y sus conmilitones, sería posible igualmente, reacciones contrarias al interés exclusivamente electoralista de la élite que se ha arrogado la conducción política de este amplio sector de venezolanos.

Como se puede observar en el marco de este análisis, la “Reina de Bastos” es la que inspira una situación de incertidumbre general, asociada a la angustia colectiva. La sociedad venezolana exige de ambos sectores, rectificación o renuncia de una parte o acciones capaces de desalojar del poder a los responsables de la crisis por la otra. Quien responda de manera clara y contundente a estos reclamos, podrá obtener de la mayoría de la sociedad el reconocimiento merecido por las acciones que se lleven a cabo. En el caso de Maduro y su régimen, es claro que se les agotó el tiempo y las posibilidades de resolver los problemas del país. En el de las fuerzas opositoras, surgen alertas relacionadas con el reclamo de acciones más contundentes y asociadas a la angustia de la gente y no de los intereses particulares y de grupo, que parecieran dominar la agenda de la élite política. El año 2017 podría ser entonces, bien la oportunidad para la “guerra de trincheras” adoptada por el régimen o el marco histórico de un cambio político que ya no admite dilaciones de ninguna naturaleza… amanecerá y veremos!

(*) @johanperozo

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